Subasta de piezas precolombinas abre una nueva polémica

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La sucursal francesa de "Sotheby´s" marcó en París el récord mundial para una venta de arte precolombino en la subasta de la colección Barbier- Mueller de cerámicas y huacos los días 22 y 23 de marzo, generando récords y gran controversia a la vez.

Iniciada en 1920 por Josef Mueller y continuada por su yerno, Jean-Paul Barbier -Mueller, la colección alcanzó la cifra total de 10.3 millones de euros. Guillaume Cerutti, director de "Sotheby's" Francia, informó que "esta puja marcó un nuevo récord mundial para la venta de huacos y cerámicas precolombinas".

Aunque cubrió sólo 66% del monto previsto en las estimaciones iniciales, logró precios sin precedentes en algunas de sus piezas, ya que se vendieron 147 objetos, 16 de ellos en más de 100 mil euros, y dos récords: la escultura Venus Callipígea, de la cultura chupícuaro de Guanajuato, vendida en 2 millones de euros, precio nunca antes alcanzado por ninguna pieza de cerámica mexicana precolombina, y "Pato en vuelo", huaco de la cultura tarasca que se vendió en 1,6 millón de euros.

Con no menos impresionantes marcas de seis cifras, una divinidad con cabeza de felino de la cultura diquis se vendió en 721.000 euros, una figura antropomórfica de la cultura olmeca en 481.500 euros y un vaso cefalomórfico de la cultura maya de Guatemala, en 325.500 euros.

Mas allá de las cifras obtenidas, la subastacobró repentina trascendencia mundial cuando los gobiernos de Venezuela,Ecuador, Costa Rica, Colombia, y Guatemalay especialmente Perúpresentaron un pedido formalde suspender la subasta y reintegrar, en el caso de Perú, 67 piezas. Las ventas, sin embargo, no dejan de lado reclamos y polémica de parte de organismos de América Latina que defienden la cultura patrimonial.

Pedro Sanchez Nava, director del INAH, Instituto Nacional Antropología e Historia peruano, organismo encargado entre otras cosas de preservar el acervo precolombino, sostuvo que aunque se lleve a cabo la subasta continuarán los reclamos basados en la sospecha de que la salida de esas obras fue "clandestina", visto que la ley que prohíbe que los bienes culturales dejen el país es de 1822. Al respecto, Sotheby's emitió un comunicado en el que informó que a lo largo de los últimos meses la firma investigó la procedencia de las piezas, que tenía plena evidencia en que tenían origen legítimo y podían, por lo tanto, ponerse a la venta, por lo que siguió adelante.

Tampoco faltaron otras voces europeas que defienden la propiedad de las obras, alegando que en el momento en que fueron sustraídas América formaba parte de España, y muchos países de Asia y Africa eran parte del Imperio Británico, o bien súbditos de otras potencias. Si se aceptan estos argumentos, estamos ante un dilema que no tiene fin en lo tocante a la propiedad, como ocurrió con la batalla legal entre países después de la caída del Tercer Reich, cuando se recuperaban obras robadas, y hubo quien quiso demorar su devolución alegando que Napoleón las había robado antes.

En todo caso, el pillaje artístico no es una novedad de esta época, sino que se ha llevado a cabo en todos los tiempos, muchas veces con autorización de los gobiernos para abastecer a museos y coleccionistas, desde el Imperio Romano hasta Napoleón pasando por los bárbaros y con más fuerza en el siglo XIX, con la creación de los grandes museos en Estados Unidos e Inglaterra. En nuestros días, según Interpol y Scotland Yard, el mercado de arte robado y antigüedades expoliadas genera cifras astronómicas y va en aumento, utilizando tecnología de última generación y aprovechando la pobreza de algunos países, con empresas legales o paralegales montadas para ello.

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