La caída del dólar no es un fenómeno de los últimos días, sino que se acentuó a partir de la recuperación de la economía a nivel global. El índice UUP, que sigue la cotización de la economía norteamericana contra una canasta de monedas, es más que elocuente: cayó nada menos que un 21% en los últimos nueve meses. Este ETF, que fue ideado por el Deutsche Bank, podría ser una excelente alternativa de inversión para los que apuestan a que esta debilidad del dólar no durará para siempre y que más temprano que tarde llegará la corrección.
Mientras tanto, prácticamente cualquier activo es útil para cubrirse de la depreciación de la moneda norteamericana. El oro es probablemente el caso más claro. Pese a que no paga renta alguna, fue el refugio elegido durante la crisis financiera de 2008. Y cuando muchos esperaban que perdiera ese lugar cuando comenzó la recuperación de los mercados, continuó con su incremento. Claro que en este caso es el activo elegido para compensar la pérdida de la moneda norteamericana.
Influencia
El petróleo está influido por los conflictos de los países árabes y el temor de que termine afectando a alguno de los principales productores de crudo, como Arabia Saudita. Sin embargo, su comportamiento está muy alineado con lo que sucede con otras materias primas, incluyendo a la soja.
Existen dos motivos que explican la creciente debilidad de la moneda norteamericana:
El dólar se debilita en el mundo, menos en la Argentina. Mientras en el mundo las monedas siguen revaluándose, aquí sucede todo lo contrario. La caída del peso en lo que va de 2011 ya supera el 2% y es la mayor devaluación de toda la región. En contraste, el real brasileño subió un 5,1% contra el dólar y el peso mexicano ganó todavía más, un 5,4%. Incluso otras monedas que también se devaluaron contra el dólar en estos primeros meses de 2011 lo hicieron a menor ritmo que el peso argentino, como sucede con el chileno, que cayó un 1,2%.
Esta suba del dólar es claramente buscada por el Banco Central, que preside Mercedes Marcó del Pont, que intenta que el tipo de cambio no pierda tanta competitividad. Sucede que en un entorno de inflación cercana al 25%, una cotización estable implica automáticamente un encarecimiento de la economía en dólares.
Claro que a este incremento leve del dólar a nivel local lo ayuda la debilidad de la divisa internacionalmente. El mundo también se encarece en dólares, aunque no lo hace tan rápido como la economía argentina.
Se da así un escenario que es opuesto al que vivió la Argentina en la década del 90: un dólar cada vez más débil (en contraste con la fortaleza de aquellos años) y un precio de las materias primas por las nubes, al revés de lo que pasaba antes, cuando los valores de los productos que exporta la Argentina se encontraban en valores mínimos.



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