31 de octubre 2014 - 00:00

Suman a Caló a las gestiones por la futura reunificación de la CGT

El jefe de la CGT oficialista, Antonio Caló, se incorporó a las negociaciones por la reunificación de la CGT. No se trata de una inclusión de hecho ni de su presencia en las reuniones entre sectores internos, sino del reproche que le hizo a uno de los negociadores, Gerardo Martínez, por haber sido marginado. Así quedó involucrado al menos en lo formal el metalúrgico, todavía aliado incondicional del Gobierno.

Hasta ahora, las gestiones por la fusión de las distintas versiones de la CGT contaban con la participación de Hugo Moyano con sus principales colaboradores de la versión opositora, por un lado, y de Martínez, José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) y Andrés Rodríguez (estatales) por la rama afín al Ejecutivo. Como adelantó este diario, Moyano quedó a cargo de sondear a Luis Barrionuevo, dueño del sello Azul y Blanca, y si bien ambos tenían ayer en agenda una actividad en una organización radical, a último momento se bajaron. Las charlas continuarán en privado.

La difusión de las negociaciones molestó a Caló, que fue marginado de las primeras conversaciones. Los negociadores se negaban a incorporarlo por dos razones: su firme adhesión al Gobierno -parte de la industria metalúrgica depende de medidas económicas de sostén de la actividad- y su personalidad retraída e inexpugnable para los códigos sindicales.

El líder de la UOM acudió días atrás a Martínez, sindicado como uno de los principales negociadores de la unidad. Le reprochó no haberlo menciona-

do en ninguna de las entrevistas que había dado en medios en los que había sido consultado por la futura reunificación. Y le pidió comenzar a nombrarlo, al menos como referente ineludible.

Caló, Moyano y Barrionuevo dan por hecho que ninguno será número uno de una próxima CGT unida. Pero los tres están interesados en influir en el armado, que ya disparó una danza de nombres de todas las vertientes internas para la conducción. En las últimas semanas la posición mayoritaria fue de convalidar una jefatura colegiada, de tres o más miembros, para una transición de entre un semestre y un año. Y las condiciones ideales de esos integrantes deberían ser la juventud y no ser las caras habituales de las rondas sindicales.

Con esas características ya se menciona a algunos dirigentes como Oscar Romero (número dos de los mecánicos -SMATA- y diputado por el oficialismo) y Héctor Daer (Sanidad, también legislador nacional, pero por el Frente Renovador), y a otros menos jóvenes como Juan Carlos Schmid, de Dragado y Balizamiento y mano derecha de Moyano, e incluso Guillermo Moser, nuevo mandamás de Luz y Fuerza.

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