28 de septiembre 2009 - 00:00

Supo brillar tras sufrir lo gris del comunismo

 Berlín - Todo transcurrió como estaba previsto, y Ángela Merkel seguirá al frente del Gobierno alemán durante otros cuatro años. La canciller alemana, de 55 años, sigue siendo la mujer más poderosa del mundo.

Su increíble carrera política -en tan sólo 15 años pasó de ser la «MTMdchen» (la niña) de Helmut Kohl a estadista mundial- comenzó en la Academia de las Ciencias. Fue el jueves 9 de noviembre de 1989, cuando la investigadora Frau Doktor Merkel se disponía a abandonar su trabajo para ir a darse un baño y avistó una marea humana que se dirigía hacia el Muro.

A partir de ahí, y en una constante de oportunidades bien aprovechadas, mucha capacidad de trabajo, buenos padrinos como el ex canciller Kohl y algo de suerte, la joven doctora en Física, que entonces tenía 35 años, fue escalando dentro de la CDU hasta ser elegida canciller en 2005.

Hasta ese momento, en el que coinciden su plan de darse un baño sauna y las ansias de libertad de los berlineses, Merkel nunca había ocupado un puesto político. Su única militancia había sido en las Juventudes Comunistas de Alemania Oriental, su hogar.

Merkel nació hace 55 años en Hamburgo, pero su padre, que era un pastor protestante y socialista, decidió marcharse a la antigua RDA cuando ella tenía ocho meses. Sus biógrafos dan mucha importancia al hecho de que ella se forma en un ambiente típico de los miembros de la «Bildungsbürgertum»: la clase media alta alemana, basada en la educación y no en el dinero, y de la que salen grandes líderes.

En la escuela destacó siempre en idiomas, y llegó a ser la mejor alumna de ruso de toda la RDA. Al día de hoy, habla ruso e inglés perfectamente. Pero en la Universidad de Leipzig se licenció en Física.

Al verdadero amor llegó tan tarde como a la política. Su primer matrimonio, a los 23 años con Ulrich Merkel, un compañero de la universidad, apenas duró cinco años. Se casó por segunda vez a los 44 años con su actual marido, el catedrático de Química Joachim Sauer.

Merkel no tiene hijos. Muchos alemanes la llaman «Mutti Ángela» (mamá Ángela). Es una relación casi maternal con los alemanes la que mantuvieron sus índices de popularidad altísimos a pesar de estos cuatro años de Gobierno.

Se lo ganó a pulso. Ha tenido éxito en política exterior y en economía. Recompuso la relación con EE.UU. y brilló en la presidencia alemana de la UE. Cierto es, como dice con sorna un diplomático alemán, que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, «no puede soportarla, le cuesta estar en la misma habitación con ella» y que sus vínculos con el presidente Zapatero podían ser mejores.

Asimismo, a aquella a la que la revista Forbes eligió cuatro años consecutivos como «la mujer más poderosa del planeta» se ilustró durante la presidencia alemana de la Unión Europea (UE) haciendo adoptar el Tratado de Lisboa.

Glamour tiene cero, pero inteligencia le sobra. Merkel se ganó los elogios por su gestión de la crisis económica. A base de discreción y constancia, supo conquistar el corazón de los alemanes, que ayer tuvieron en sus manos su futuro.

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