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“Sur”, de García Uriburu, lideró ventas en septiembre
“Sur”, de Nicolás Garcia Uriburu, llegó a los $ 827.000 en el remate del pasado 10 de septiembre en Arroyo.
En Bass, el 18, "Sin Título", escultura de Gyula Kosice de 92 x 50 x 30 cm. se vendió en $217.588, y otro "Sin titulo", de Fabián Burgos, un óleo sobre tela de193 x 250 cm. se fue en $76,728. La casa Verbo, el 26, tuvo dos fuertes marcas con las obras "La jarra negra" óleo sobre cartón de 52 x 62 cm., de Leopoldo Presas, que se vendió en $56.050, y "Homenaje a Macedonio Fernánndez", óleo sobre tela de 160 x 130 cm. de Julio Martinez Howard, obtuvo $560.050. Cerrando este panorama, en Galería Roca, el 26, "El descanso del violinista" óleo sobre tela de 60 x 50 cm. de Vito Campanella fue adquirido en $ 108.794", y "Nina", óleo sobre tela de 88 x 97 cm. de Carlos Castagnino en $114.520.
El mercado local atraviesa un año de calma pero también de reafirmación en cuanto al terreno ganado en cuestión de cotizaciones, lo que lleva a plantear la conveniencia del arte como inversión y, sobre todo, como resguardo de patrimonio.
Desde finales de la década del 80, cuando las subastas neoyorquinas mostraban cifras exorbitantes en las obras de impresionistas europeos del siglo XIX, y hasta el crash de 2008, se reavivó el debata acerca de si es el boom es burbuja o ascenso legítimo. Habrá seguramente parte de ambos, pero las fórmulas no son cosa de otro mundo si se opera con cautela y conociendo las particularidades de este mercado.
En este sentido, un estudio de la Universidad de Alicante hecho por Helena de la Poza Plaza, docente de la Universidad Politécnica de Valencia, da alguna pautas de inversión que los vaivenes sufridos por las economías desde entonces no han alterado, y que pueden servir de parámetro en el presente.
Según este estudio, un inversor clásico -es decir aquel que no asume grandes riesgos e invierte únicamente en opciones tradicionales en cualquiera de sus formas- que sumó al arte como parte de su cartera, obtuvo entre 1997 y 2006 una rentabilidad media semestral de 3% en moneda constante con un nivel de riesgo de 1%, tomando como referencia el indice Dow Jones.
Si este inversor quisiera mejorar su renta (3%) para un mismo nivel de riesgo (1%), deberìa diversificar su inversión, es decir, alcanzaría una rentabilidad de 10,97% para el mismo nivel de riesgo (1%) si invirtiera en una cartera compuesta por acciones en un 85%, y un 15% en obras de arte.
Se observa cómo el mayor porcentaje de participación en obras de arte se destina a aquellos artistas cuyo riesgo o volatilidad es menor, mientras que aquellos que presentan mayor riesgo presentan una participación mínima en la cartera.
En la medida que el inversor clásico esté dispuesto a asumir un mayor riesgo en su inversión, podrá obtener mayores rentabilidades derivadas de carteras en la que el porcentaje de participación en obras de arte se incrementa. Si estuviera dispuesto a asumir un riesgo de 10%, obtendrá una rentabilidad de 33,2%, invirtiendo en una cartera compuesta 43,11% por acciones y 56,89% en obras de arte.
La cuantificación del "ratio de Sharpe" confirma los resultados obtenidos, es decir, la cartera que alcanza una mejor performance es aquella en la que alcanza una rentabilidad riesgo de 10,97% y 1% respectivamente.
El estudio da ejemplos de artistas internacionales que refrendan estas cifras en uno y otro caso de porcentaje de participación del arte en las carteras de inversion clásicas. Finalmente no es posible medir el beneficio real del arte si no se tiene en cuenta el invaluable "bonus track" de disfrute y contemplación que significa poseer una obra.


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