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Surgen incertidumbre y temor ante el “Día X”
Al Hassun, director general para Asuntos Tribales del Ministerio del Interior iraquí, se encontró con líderes tribales en Abu Ghraib, un suburbio al oeste de Bagdad tristemente célebre por el maltrato de prisioneros iraquíes en la cárcel del mismo nombre por parte de militares estadounidenses. Después de la reunión, Al Hassun quiso salir a pasear por un mercado.
Los jefes de clanes sunitas con los que se reunió el funcionario iraquí son en mayor o menor medida leales al Estado y al primer ministro Nuri al Maliki. Han organizado, por ejemplo, milicias ciudadanas que apoyan a las tropas estadounidenses y al Gobierno de Bagdad a luchar contra la insurgencia y el terrorismo.
De acuerdo con lo previsto, Al Hassun sale entonces después del encuentro a pasear acompañado por algunos guardaespaldas por el mercado de Abu Ghraib, ubicado en medio de un barrio residencial con edificios de varios pisos. De repente, un hombre irrumpe entre la multitud y hace detonar los explosivos que se había atado antes al cuerpo.
Entre los muertos hay varios policías y algunos periodistas. Al Hassun, rodeado por sus guardaespaldas, salió ileso. Su superior, el ministro del Interior, Jawad al Bolani, compareció pocas horas después ante la prensa en la Zona Verde de Bagdad, fuertemente custodiada por las fuerzas de seguridad. «Estos atentados son un acto de venganza, ya que en los últimos tiempos hemos detenido a varios comandantes de Al Qaeda», dijo Al Bolani, que intentó transmitir su determinación pero que reflejó, por el contrario, cierta consternación.
Y es que los extremistas iraquíes ya han matado desde comienzos de mes a más de 100 personas, y tanto el ejército de Estados Unidos como las tropas británicas anunciaron el domingo último que retirarán en los próximos seis meses un total de 16.000 soldados de Irak. Después de ello quedarán todavía 132.000 soldados extranjeros en el país, pero la cuenta regresiva empieza a oírse cada vez con más fuerza en el país, de cara al «Día X». A finales de 2011, las tropas de Estados Unidos habrán terminado su retirada.
Nuevas alianzas
Y después de que los norteamericanos se hayan ido, sólo contarán los cimientos del poder local. Eso es algo que saben muy bien los partidos del Gobierno en Bagdad, acosados por el miedo a un retroceso a la barbarie desde la investidura de Barack Obama y el consecuente anuncio de la retirada de tropas. Por ello, han intensificado también desde hace algunas semanas sus esfuerzos por forjar nuevas alianzas y alcanzar la reconciliación con sus antiguos rivales.
Las dos grandes formaciones políticas chiitas de corte religioso -el partido Dawa de Al Maliki y el Consejo Islámico Superior (SICI), al que pertenece el vicepresidente Adel Abdulmahdi- han empezado ya a competir abiertamente por el apoyo de los nacionalistas y los sunitas.
El pasado fin de semana, por ejemplo, Al Maliki llamó al líder tribal del clan Al Obeid a «olvidar el pasado». Y Abdulmahdi se reunió incluso con un miembro del partido nacionalista árabe Baas, al que pertenecía el ex presidente Sadam Husein y que ha sido tan vilipendiado en los últimos años por el actual Gobierno.
Pero ninguno de los dos podrá dejarse oír por la «resistencia» radical sunita. Hace poco, un grupo de insurgentes islamistas anunció, por ejemplo, que continuará luchando contra los estadounidenses incluso después de su retirada de Irak. Al fin y al cabo, también los trabajadores de la inmensa Embajada de Estados Unidos en Bagdad no son en sus ojos más que ocupantes.
Agencia DPA

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