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Sutil relato de una atracción inesperada
Vincent Lindon es el hombre serio con hijo y buena esposa, y Sandrine Kiberlain, la maestra también seria y delicada que lo enamora en el buen film francés «Affaire d’amour».
El hombre es un tipo serio, callado, trabajador, con hijo y buena esposa, también trabajadora. Gozan una posición hecha, en un pueblito del interior de Francia. Parece medio seco, pero es atento, servicial, cuida de su padre anciano, y tiene cierta necesidad de sentir algo distinto en su alma. Un día conoce a la maestra de su hijo. Una mujer flaca, medio narigona, de mirada dulce, delicada, solitaria. Ella lo invita a participar de una clase explicando a los chicos su trabajo de albañilería, luego le pide ayuda para un arreglo en la casa que alquila. Ahí él descubre un violín. Ella toca el violín, pero no en público. Y no ha creado una familia. Trabaja un año en cada pueblo, como una flor del aire que no ha encontrado bien dónde prenderse.
Entre miradas, silencios, una música en común, y labores cotidianas, la historia avanza naturalmente hacia dos lógicos finales. Muy pocas cosas alteran la calma externa, salvo el malhumor del hombre a cierta altura de su indecisión, y la fiesta de cumpleaños del abuelo, que se realiza con toda felicidad. También la esposa mira, en silencio y con inteligencia. La procesión va por dentro de cada uno, y en algún momento, aunque sea uno solo, algo ha de aflorar.
Sutil relato de una atracción afectiva, «Une affaire damour» recuerda en parte aquel clásico inglés de David Lean llamado «Brief Encounter»: vida familiar agradable pero apagada, gente decente que descubre sentirse bien con otra persona, trenes decisivos, sólo que en este caso la mujer parece avanzar un poco más que la inglesa. Aquí «Brief Encounter» se estrenó como «Lo que no fue», un título bastante explícito, pero tal vez inaplicable en el caso que nos ocupa.
Autor, el meduloso Stéphane Brizé, de quien acá se ha visto fugazmente, en Pinamar y una vez en cable, su valioso «No estoy hecho para ser amado» (un solitario que cuida a su padre y descubre la posibilidad de amor en una tanguería marsellesa). Fuente original, la novela de Eric Holder «Mademoiselle Chambon» (editorial Seix Barral), casi digna de Stendhal. Ese es también el título original de la película, que aquí se cambió naturalmente para mejor. Intérpretes, Vincent Lindon, no del todo convincente en las tareas manuales pero sí como hombre perturbado por el amor, y Sandrine Kiberlain, que convence en todo sentido. Dato curioso, años atrás ambos formaban un matrimonio.
P.S.


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