2 de julio 2009 - 00:00

Táctica: dosificar los cambios

Hugo Moyano
Hugo Moyano
El martes por la tarde, Ricardo Jaime le presentó a Julio De Vido la nota de su renuncia. El ministro la llevó a Olivos y Cristina de Kirchner la encajonó por 24 horas hasta que ayer, a media tarde, le notificó al cordobés que dejaba de ser secretario de Transporte.

Entre un episodio y otro, el Gobierno no supo -ni pudo- diseñar un plan de contingencia. La caída de Jaime, emblemático y polémico, desató un temporal que empujó a medio gabinete a una zona de sombras. Al atarceder, pareció que todos los ministros hacían las valijas.

Pero entre la Casa Rosada y Olivos, Cristina de Kirchner y Néstor Kirchner -que sólo guarda silencio público y prepara un viaje para los próximos días- dispusieron como táctica que los cambios sean dosificados. Guillermo Moreno parece el próximo en la lista.

«No se trata de cambiar funcionarios porque sí: hacerlo, sin ver qué hicimos mal para perder las elecciones, no tiene ningún sentido. Los cambios se van a ir haciendo de a poco y caso por caso», dijo anoche un integrante del gabinete cuando se apagaba la versión de una ola de renuncias.

Papel picado

Así y todo, la inhabilidad para resolver rápido la salida le quitó impacto. Anoche, el hipotético beneficio de desprenderse de Jaime -que invocó, como guía, la renuncia de Néstor Kirchner al PJ- se licuó con la falsa alarma del recambio del secretario de Comercio.

En pocas horas, será papel picado por otros motivos: el más relevante es que la caída de Jaime es una caída solitaria. Julio De Vido, pieza clave del esquema K, puso al reemplazo, Juan Pablo Schiavi, y los gremios preservarán sus butacas en Transporte.

El camionero Hugo Moyano, el colectivero Roberto Fernández, el ferroviario Omar Maturano y el portuario Juan Carlos Schmid no veían peligrar, anoche, el control de las cuatro subsecretarías que estaban debajo de Jaime. Seguirán, quizá con algún cambio menor, como hasta ahora.

El dato es útil para entender la naturaleza de los cambios futuros. La salida de Jaime, en vez de limitar a De Vido lo refuerza. El cordobés se encargó de decir que su relación con el ministro de Planificación era inmejorable y que no había tensiones entre ellos.

Sin embargo, a diferencia de Schiavi, Jaime tenía teléfono abierto con Kirchner. Traducción: se potencia el eje De Vido y se mantiene, intacta, la influencia de los gremios del transporte, alineados detrás de Moyano, en el festival de los subsidios.

En el caso Jaime, la teórica apertura que Kirchner encaró en el peronismo al dejar la presidencia en manos de Daniel Scioli como paso previo a cederles el manejo del partido a los gobernadores no se replicó en el Gobierno.

Salvo un terremoto, esa mecánica seguirá inmutable. Es más: el ex presidente hizo transmitir a través de dos dirigentes de diálogo diario con los gobernadores del peronismo que no cederá un solo ministro. Lo de Juan Manzur, en Salud, fue una excepción explicada por la necesidad.

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