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Tándem: tras la milonga, el turno de la escena
Jose Manuel Gonçalves, director del Cent Quatre de París, y colaborador en la curaduría de la selección de los elencos y obras argentinas que se verán en París durante el Tándem.
La apertura es esta noche con «Los hijos se han dormido», versión Daniel Veronese de «La gaviota» de Chejov, en el Teatro de la Bastilla, con las entradas agotadas desde hace varios días. El dramaturgo y director más conocido en Europa (y otros continentes) es el único que tiene dos obras en una lista que incluye a otros talentos argentinos probados internacionalmente como Claudio Tolcachir, Rafael Spregelburd, Lola Arias, Romina Paula y Mariano Pensotti. La otra pieza que traerá Veronese, también a la Bastilla, es su versión de «Casa de muñecas» de Ibsen, «El desarrollo de la generación venidera».
El caso de Pensotti es especial. Es el único que no va a presentar su espectáculo en un teatro sino en el Metro de Paris. Para Jose Manuel Gonçalves, director del Cent Quatre, que viajó oportunamente a Buenos Aires para «tomar la decisión última» en la selección de los artistas que actuarían en el centro cultural, pero cuya opinión evidentemente también pesa en otras áreas,
«Pensotti tenía que estar en el Metro, porque pese a que acá tienen mucho orgullo de su tradición de teatro callejero, la relación del teatro con el espacio público en Francia está en un nivel muy bajo. Esta es una manera de mostrarles que hay una forma más elevada de hacerlo», señala Gonçalves.
Jean François Gueganno, director del Instituto Francés, que organizó este intercambio cultural entre las dos ciudades junto al Ministerio de Cultura porteño, concuerda con Gonçalves, y cuenta que «la directora del Festival de Otoño [que empieza el 1 de octubre, este año con fuerte protagonismo del teatro argentino hasta diciembre], también viajó a Buenos Aires a ver otras cosas que no sean Veronese, que nos encanta, por supuesto, pero ya vino tantas veces y es tan conocido y admirado, que queríamos también algo nuevo».
Fuera del Tandem, siempre es posible encontrar varios otros argentinos protagónicos en Paris, entre ellos, Edgardo Cozarinsky, quien presenta mañana a la tarde la versión francesa de su libro «Loin doú» (Grasset) en la nueva librería El Salón del Libro, con el auspicio de la Embajada. Y también es posible sorprenderse de que Francia pueda lucir aun más atestada de turistas de lo que es eternamente, como sucedió el fin de semana.
Sábado y domingo, la celebración de las Jornadas del Patrimonio Europeo permitían entrar gratuitamente a más de 50 monumentos en todo el país, desde los más obvios, como los parisienses Torre Eiffel, Sacré-Coeur, Notre Dame y la mayoría de los museos (excepto los que no son «patrimoniales», como el Orsay), hasta castillos, abadías, hoteles históricos y otros muchos sitios vedados al público de a pie como la Asamblea Nacional o el Palacio del Eliseo, que incluía la visita al despacho de Nicolas Sarkozy.
Entre los más inaccesibles, fuera de Paris, estaba la Gruta Chauvet, una maravilla de más de 3000 años, donde Werner Herzog filmó recientemente una película en 3D. Claro que había que tener la templanza suficiente para no dejarse disuadir por las intimidantes colas-babeles en las que también había una cantidad considerable de franceses.
Claro que no todo es glamour y gratificación espiritual estos días en Europa. Ejemplo de lo cual fue un griterío seguido de corridas y sirenas el lunes frente al Palacio de Justicia en la Isla de la Cité. El griterio se entendía perfectamente. Decía así: «El pueblo/ unido/ jamás será vencido», y provenía de un grupo de 40 o 50 jóvenes con mochilas en la espalda o atados bajo el brazo, muchos de ellos con las caras pintadas de colores. Ante el desconcierto de los circunstantes, uno detuvo brevemente su carrera para informar: «Somos indignados del 15 M, estamos tratando de llegar a Bruselas a encontrarnos con nuestros compañeros, pero la policía no nos deja, nos cierran el paso por todos lados».
Por todos lados, efectivamente, aparecieron siete u ocho ululantes camionetas policiales tratando de cortales el paso a ellos, pero sin cortar el tránsito, lo que permitía, invariablemente, que la tumultuosa columna se les escapara a contramano.
* Enviada Especial

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