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“Tango y nada más”: eficaz show con estética años 40
Sin ideas demasiado novedosas ni figuras conocidas, lo mejor de «Tango y nada más» es la pareja de baile Roberto Zuccarino-Samanta Dispari y el cantante Hernán Frizzera.
Una nueva tendencia está apareciendo en Buenos Aires. Hasta ahora, la oferta para extranjeros alrededor del tango estaba centrada casi exclusivamente en los shows de grandes casas «for export», con precios muy altos en dólares, con cena y toda la parafernalia turística incluidas. Quizá porque se está viendo la llegada de un turismo más joven y con menos recursos económicos, o porque se quiere atraer a un público argentino que pese al boom del que se habla no encuentra regularmente opciones tangueras de escenario, se han estrenado por estos días varias propuestas que iremos comentando en los próximos días.
La primera que vimos es «Tango y nada más», ideada y dirigida por el bailarín y coreógrafo Roberto Zuccarino. No hay aquí nombres deslumbrantes ni medianamente reconocidos, ni siquiera en su máximo responsable (más allá de que haya recorrido muchas pistas porteñas y haya trabajado en muy distintos lugares de la ciudad). Tampoco hay aquí pretenciones de novedad: la estructura es la de la clásica revista, con una sucesión de cuadros bailados -por parejas solistas o en armados grupales-, cantados o solamente instrumentales. La mayor energía de producción estuvo puesta en el vestuario, con una importante inversión económica aunque sin demasiado vuelo creativo. in otra escenografía que el quinteto comandado por el bandoneonista Tito Farías, los bailarines se mueven cumpliendo con rutinas que parecen copiadas de tantos otros espectáculos tangueros; y sólo algún momento de la pareja central Zuccarino-Samanta Dispari escapa a la medianía general. El grupo instrumental de piano, dos bandoneones, violín y contrabajo cumple también profesionalmente sin sorprender con los arreglos, que evocan -en algunos casos de manera calcada- los de grandes figuras como Aníbal Troilo.
En la misma línea de eficiencia sin sorpresa se ubican los cantantes Hernán Frizzera y Nayla Danchuk, aunque a él se nota mucho más suelto y menos preocupado por su lucimiento vocal.
En definitiva, es un show armado sin ideas especialmente novedosas, apoyado en la estética de los años 40, aunque haya alguna «escapadita» hacia «La cumparsita», Gardel, Virgilio Expósito o Piazzolla, y con gente que, por el momento, no ha logrado colocar su nombre en las marquesinas mayores.
R.S.


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