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Tantanián, o de cómo hacer Brecht para los alemanes
Alejandro Tantanián: después de montar «Amerika» de Kafka en Alemania, dirigirá ahora el clásico «La ópera de tres centavos».
En marzo de 2011, Tantanián tiene previsto estrenar, en el Teatro Alvear, una versión de la novela «Las islas» de Carlos Gamerro. Y en la segunda mitad del 2010 dará a conocer «Viaje de invierno», su nuevo espectáculo musical basado en el ciclo de canciones de Schubert, «Winterreise». Entretanto, ya consiguió la autorización del escritor inglés John Berger para la libre adaptación de su novela «De A para X».
Periodista: ¿Tuvo que reforzar sus conocimientos de alemán para dirigir en Mannheim?
Alejandro Tantanián: Dirijo en inglés. Es un territorio intermedio. Ni mi lengua ni la de ellos.
P.: Brecht mostró a una sociedad muy corrupta, tanto o más que la actual. ¿Qué opina de este enfoque?
A.T.: La pieza plantea -entre otras cosas- las maneras en que se puede afrontar una crisis. La crisis del 30, en cierta forma preanunciada por la obra de Brecht, se homologa a la reciente crisis en más de un sentido, sobre todo en Europa.
P.: Entonces la obra no envejeció...
A.T.: Me parece que hoy es un material políticamente ingenuo que dista mucho de la madurez ideológica de otros textos de Brecht. «Galileo Galilei» sería el paradigma. Creo, tal como lo expresó Heiner Müller, que utilizar a Brecht sin criticarlo es traición. Pero como los herederos están empeñados en que no se lo critique, el trabajo se vuelve más arduo y recae necesariamente sobre las áreas no textuales del trabajo. «La ópera de tres centavos» reúne a todos y cada uno de los tópicos del teatro musical y ese motor es el que catapultó a la fama a esta pieza.
P.: También ayudaron algunas frases petardistas como: «¿Qué es el robo de un banco comparado con fundar uno?».
A.T.: La crítica al capitalismo que propone Brecht, incluso aquella que con cierto cinismo se ejerce sobre los géneros de «diversión» que la propia burguesía consume y de los cuales sabe valerse de manera única «La ópera de tres centavos», son devorados por la omnívora presencia de lo musical. El desafío de cualquier montaje -creo yo- es poder encontrar un equilibrio entre esas dos fuerzas.
P.: ¿Cómo se logra?
A.T.: Trasladando la obra a nuestros días. Brecht ubicó la acción en un Londres dickensiano, en donde el capitalismo hace sus primeras y violentas armas. El imaginario de Charles Dickens estaba muy próximo a la sensibilidad de la época en la que Brecht estrenó su obra.
P.: ¿Y usted con quién compararía al protagonista de «La ópera...»?
A.T.: Mackie está hoy más cerca de Berlusconi que de un gángster hollywoodense. El cinismo ha ganado todas las batallas y en esto la pieza de Brecht ha envejecido. Hoy Mackie ya es gobierno y la violencia ejercida sobre el electorado es definitiva y final. Lo que ayer se narraba en forma de fábula, hoy muestra claramente los rasgos de una pieza nihilista.
P.: ¿Esa es su lectura?
A.T.: Eso lo supo entrever el propio Brecht. No en esta pieza sino en la novela que escribió ocho años más tarde, donde le hace decir a Mackie: «Necesitamos hombres que, como nosotros los negociantes, estén por encima de los partidos. Nosotros vendemos nuestra mercancía a pobres y a ricos. Le vendemos a cualquiera, sin excepción, una bolsa de papas o le instalamos una línea eléctrica. La dirección del Estado es una tarea moral. Hay que conseguir que los empresarios sean buenos empresarios, los empleados buenos empleados, en suma: que los ricos sean buenos ricos y los pobres buenos pobres».
P.: ¿Piensa que la obra soporta cualquier cambio de ambiente?
A.T.: En 1995, vi en Londres una versión extraordinaria, dirigida por Phillyda Lloyd. La acción sucedía en el 2001: puro futuro. Una maravilla absoluta.
P.: ¿Qué opina de las versiones que se estrenaron Buenos Aires?
A.T: Vi dos. La que dirigió Suárez Marzal en el Teatro San Martín, con Víctor Laplace y Susana Rinaldi. En mi recuerdo se construye lejana y monumental, nada parecido a hacerse con «tres centavos». Y otra más reciente, en el Teatro Alvear, con Diego Peretti y dirección de Betty Gambartes. En esta última fui convocado para realizar, junto a Ricardo Ibarlucía, la traducción y versión del texto. Creo que ambos montajes supieron ofrecer el espectáculo musical que todo el mundo espera cuando se monta esta obra. Ninguna, según mi opinión, pensó en la vigencia del material.
Entrevista de Patricia Espinosa

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