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Tasas impulsan emergentes
La decisión de Japón de bajar al 0% sus tasas de referencia no hizo más que confirmar que esta tendencia continuará por un buen tiempo. Ya quedaron atrás los pronósticos de los bancos de inversión que auguraban un incremento gradual de las tasas por parte de la Reserva Federal norteamericana a partir del segundo semestre de 2010.
La inflación no es para nada una amenaza en el mundo desarrollado. El peligro continúa siendo la recaída económica tanto en los Estados Unidos como en Europa y en Japón.
El dato más contundente sobre esta tendencia de rendimientos en picada lo dio el bono del Tesoro de EE.UU. a 10 años. Este activo de referencia para los inversores alrededor del mundo ayer perforó la barrera del 2,50% anual y finalizó rindiendo el 2,47%. Pero es probable que no haya tocado el piso, en particular si el Gobierno de Barack Obama se ve obligado a inyectar más dólares en la economía para darle más solidez a la recuperación económica. Lo haría a través de la recompra de bonos en el mercado secundario, empujando aún más los precios y, por ende, empujando a la baja las tasas.
Con rendimientos tan poco atractivos, los inversores buscan alternativas de refugio para su dinero. No es casualidad que el flujo de fondos a mercados emergentes llegará este año a los u$s 825.000 millones.
El oro, que ayer ya llegó a los u$s 1.340, fue el activo que mayor firmeza mostró a lo largo del año como alternativa a un dólar debilitado por las bajas tasas de interés. También las materias primas continúan con incrementos notables, incluyendo la soja y el petróleo, como defensa ante la baja de tasas en Estados Unidos y la debilidad del dólar.
Eso explica por qué los inversores ignoraron el nuevo impuesto al ingreso de capitales que estableció Brasil que comenzó a regir ayer. Se buscaba frenar la caída del dólar, pero sucedió todo lo contrario: el real continuó con su apreciación. Ayer finalizó en 1,66 real por dólar.
Aunque el de Brasil es el caso más exagerado, en todos los países emergentes la apreciación cambiaria ya es un tema de preocupación seria. Las monedas latinoamericanas no paran de revaluarse contra el dólar y lo mismo sucede con aquellos países productores de materias primas: el «aussie», es decir el dólar australiano, ya está cerca de la paridad contra el dólar norteamericano (ayer cerró en 1,02), tras haber tocado niveles de 1,6 durante la crisis financiera 2008-2009. Australia es un gran exportador de minerales.
A diferencia de lo que pasó en los mercados desarrollados, los emergentes subieron en su mayoría las tasas porque la preocupación a lo largo de 2010 fue muy distinta: los banqueros centrales no tenían en la cabeza la posibilidad de una recesión, sino que buscaron prevenir rebotes inflacionarios.
Estos diferenciales de tasas fueron aprovechados por los inversores, que se alejaron de la zona del dólar y se posicionaron en bonos y activos de monedas emergentes. El resultado es la presión cada vez más notable sobre los tipos de cambio. En la Argentina, el BCRA resistió esta tendencia con una agresiva compra de dólares, lo que se refleja parcialmente en el aumento de las reservas.
Cuanto mayor es la apreciación cambiaria, más aumentan los problemas de competitividad de los países. Estados Unidos, en cambio, se beneficia del dólar débil con mayores exportaciones.
Si las tasas en el mundo desarrollado seguirán bajas por mucho tiempo, y las de los mercados emergentes se mantendrán bajas, ¿significa que este contexto de alza en materias primas y debilidad del dólar puede mantenerse durante mucho tiempo?
En el corto plazo, resulta difícil percibir un cambio sustancial. En Wall Street apuestan que las tasas no subirán al menos en los próximos tres o cuatro trimestres, es decir que no habría modificaciones al menos hasta mediados de 2011.
Pero además habrá que estar atento a los famosos «cisnes negros», o sea eventos inesperados que pueden producirse en los mercados y cambiar súbitamente las tendencias: un agravamiento en alguno de los países de Europa con altos niveles de deuda, o algún resfrío en China (por ejemplo, ante la gran expansión del crédito) podrían modificar este panorama y alentar una súbita recuperación del dólar, que en las últimas semanas cayó nuevamente en desgracia.

