El legado post mórtem de Raúl Alfonsín de alumbrar la unidad del fragmentado panradicalismo quedó ayer al borde del naufragio: por dos vías, entrelazadas, la megafusión comenzó a peligrar por un portazo y la amenaza de otro, de Julio Cobos y Margarita Stolbizer.
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El fuego cae sobre Elisa Carrió. El sector del vice y la candidata a primera diputada coinciden, en esta hora, en refutar la mecánica de reparto de espacios que digita la jefa de la Coalición Cívica y su preferencia por otros actores en la mesa radical.
Anoche, el ensamble entre Carrió, Stolbizer, la UCR oficial y el cobismo parecía un rompecabezas incompleto. El vice ordenó a su tropa abandonar el acuerdo (ver nota aparte), y Stolbizer cortó, furiosa, el diálogo con la chaqueña que se candidatea por Capital.
El temblor responde a varios factores, unos del cortísimo plazo -el cierre de listas y la irrupción de actores inesperados- y otros, sobre todo uno, de largo aliento: las potenciales alianzas para 2011.
Carrió modificó sus intereses y prioridades en la provincia: lo que antes discutía y resolvía con Stolbizer ahora lo dialoga con Ricardo Alfonsín y, sin alardes, con Gustavo Posse. Ese cambio repercutió en los acuerdos territoriales en los que el GEN de Stolbizer, tribu radical que abandonó el partido en 2005, perdió espacio. Un ejemplo: Stolbizer se paraba como jefa de la Primera Sección, pero Carrió acercó posiciones con el intendente de San Isidro y como parte de ese pacto le concedió el primer lugar en la boleta de senadores de la sección, donde recalaría el ex diputado Roberto Costa.
Ese episodio refleja, en realidad, que Carrió tomó la lapicera como propiedad exclusiva y decidió hacer y deshacer, en más de una ocasión en detrimento de Stolbizer que, hasta ahora, se considera a sí misma como la voz autorizada para dar y quitar. Ahora, Carrió prefiere a Alfonsín junior y a Posse, y eso desplaza del centro de decisiones a la dirigente de Morón a quien sólo se mantiene como primera diputada nacional porque su sector recién ubicaría otro postulante en el noveno escalón, Gerardo Millman, ya zona gris.
Sin poder de definiciones en las seccionales, Stolbizer se queda también sin juego en los distritos donde ni siquiera, por mandato de Carrió, el GEN podría llevar colectoras para contener a sus armadores locales que ahora deberán encolumnarse detrás de la UCR oficial de Gerardo Morales o subirse al tren de Ricardito Alfonsín. Ese punto era, anoche, uno de los datos menos soportables para los margaritos que, a modo de protesta, suspendieron toda actividad de campaña. ¿Puede, Stolbizer, bajarse de la lista? Ayer, a su lado, algunos exponían esa alternativa, en curiosa sintonía con el cobismo, que también fue relegado en el armado de las boletas y decidió abandonar, aunque queda abierta una instancia de diálogo, el armado panradical. Alistan, por las dudas, su Consenso Federal, marca electoral que tuvieron la precaución de registrar en la Justicia dos semanas atrás.
Así como relegó a Stolbizer y Cobos, Carrió se queda con tres lugares a salir -¿uno será para un hombre de Posse?- y le concede dos, en el mismo rango, a Alfonsín -él mismo y Juan Pedro Tunessi- mientras a Cobos le entregan el tercero y el número once.
Pero el duelo de fondo, que se expresa en el cierre de listas, es 2011. Carrió sospecha de Stolbizer: cree que «Marga», como la llama, volanteará hacia Cobos cuando empiece a discutirse la presidencial. Tiene algo de razón: Stolbizer fue la más activa defensora de incorporar al cobismo al acuerdo porque, admitió, junto a Cobos ella rankea mejor que junto a Carrió. Por eso, la jefa de la CC se volcó hacia Alfonsín, y en paralelo, casi bigámica, se recostó sobre Posse.
Eso explica, en parte, la reserva de la líder del GEN con Alfonsín y, en simultáneo, el recelo de Cobos hacia el hijo del ex presidente, a quien ve como parte de un esquema donde confluyen Carrió y Gerardo Morales, potenciales competidores en el campamento radical, a la hora de discutir 2011. Hay, todavía, margen para una tregua. Si llega, de todos modos, se presume temporal, efímera y leve.
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