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“Tengo tanto de Tolkien como éste de William Morris”
Para Iribarne, la diferencia de su saga con la de la notable escritora mendocina Liliana Bodoc es que la de ésta «está nutrida con rasgos históricos y culturales de la Conquista de América que enriquecen lo fantástico», y él creó «un universo propio».
Periodista: ¿Cómo se le ocurrió lanzarse a escribir una saga en el género fantasía heroica?
Juan Ignacio Iribarne: Mi primer intento literario fue una novela de ciencia ficción. Cuando la estaba escribiendo me di cuenta de que lo que me interesaba realmente era la fantasía épica, ese subgénero de la literatura fantástica que integra diversos seres legendarios, un ambiente que tiene algo de medieval y componentes mágicos y heroicos. Yo había leído mucho al Tolkien de «El señor de los anillos», el Lewis de «Las crónicas de Narnia», la serie de Margaret Edith Weis y Tracy Raye Hickman «Dragonlance», y otros autores norteamericanos y británicos, como Stephen King («La Torre Oscura») y Michael Moorcock («Crónicas de Elric de Melniboné»). Siempre me sentí cercano a esos mundos fantásticos, y decidí tener mi universo propio. A medida que fueron surgiendo los diversos territorios, los pobladores y su idiosincrasia singular, los pequeños detalles, me di cuenta de que la historia superaba a una novela para avanzar hacia una saga.
P.: Y parece que la saga va a ser larga...
J.I.I.: Al principio pensé que abarcaría tres tomos, pero ahora el desarrollo de la historia se expandió, y pienso que la saga completa podría dar para unos siete tomos. Cada tomo va explorando parte de ese mundo. Comienza en un poblado sureño del reino de Andurien, y luego se expande a todo el reino. La historia ocurre en una isla que es como un continente chico, una pequeña Australia, una isla de Oceanía. Ese mundo tiene dos hemisferios. En el primer libro cuento del hemisferio sur, y de algunas islitas que tienen cada una su cultura.
P.: ¿Por qué eligió hacer un mundo aparte de este mundo?
J.I.I.: Para escapar del estrés circundante hacia un universo bien distinto, aunque siempre aparecen analogías. Acaso yo había abandonado reiteradamente aquella novela de ciencia ficción porque estaba situada en la Argentina y sentía que volvía de la calle para escribir sobre lo mismo. Aunque fuera ciencia ficción, lo metafórico me devolvía a lo mismo que yo vivía a diario y la fantasía épica me permitió salir de eso.
P.: En la Argentina existe el gran antecedente de la mendocina Liliana Bodoc con su «Saga de los confines».
J.I.I.: Su saga está ligada con la época de la conquista de América y nutrida con rasgos históricos y culturales de ese pasado sumando riqueza en lo fantástico. Hablo desde la referencia y no por el acercamiento pleno a sus obras. Salvo Liliana Bodoc y ahora mis libros, no sé de nadie que se haya dedicado a la fantasía épica. Uno puede encontrar alguna cercanía con este género en Borges, Cortázar y Bioy Casares, pero ellos hacen literatura fantástica y nunca fantasía épica.
P.: ¿Qué cuenta en «Tiempos oscuros»?
J.I.I.: De dos chicos rivales, Ghaelius y Drael, que provienen de familias opuestas, con culturas que contrastan. Ghaelius es hijo único de una familia acomodada, Drael es un chico de la calle, sin madre, con un padre que lo desprecia y que formó otra familia, eso hizo que Drael se criara en la calle escuchando historias de batallas, y anhelando ser un caballero, a los que allí sólo pueden llegar los que tienen un pasado noble. A raíz de una invasión a su territorio ambos chicos tienen que convivir. Es una historia de iniciación, de la elección del propio destino. Cuento cómo llegan a adolescentes cuando una guerra comienza a golpear las puertas del territorio.
P.: ¿Cuáles fueron sus objetivos al ponerse a escribir?
J.I.I.: El primero, escribir lo que me gusta; el segundo, llegar al público al que le gusta este tipo de narrativa; adolescentes, jóvenes adultos y hasta adultos que buscan escapar del frenesí de la modernidad. Por otra parte tuve la suerte de que me editara una editorial como Urano, con base en Barcelona y distribución internacional, que me da grandes posibilidades de que mis libros sean conocidos en otras partes, siempre que supere la primera etapa, acá. Lo real es que es el primer libro de un argentino en la colección Puck, que tiene obras de escritores estadounidenses y británicos, y es que las mitologías que utilizan este tipo de libros son nórdicas, islandesas, celtas, árabes, las leyendas artúricas y ciertos relatos fantástico-históricos del siglos XIX. Hay en esos relatos una nostalgia por los tiempos medievales, un rechazo de la modernidad y una valoración del logro personal.
P.: ¿Y qué le dicen los lectores del primer tomo de «Nubilum»?
J.I.I.: La primera comentarista de un diario, que le gustó mucho, por lo menos es lo que me dijo. Y lo que dicen chicas y muchachos jóvenes que lo están leyendo, hasta ahora viene bien. Espero las críticas negativas porque es parte de la práctica del mundo literario. En un diario, en un comentario de alguien que no había leído mi libro, decía que era una copia barata del «El señor de los anillos», y yo podría haberle dicho que tanto como Tolkien tiene mucho de «El bosque del fin del mundo» de William Morris, por ejemplo. Todos tenemos en literatura modelos, influencias, es imposible escapar a ellas.
P.: Este género se ha puesto de moda masivamente con «El señor de los anillos» y «Las crónicas de Narnia»
J.I.I.: Y en menor medida con la fallida «Eragon». Creo que ya antes habían ayudado las historietas y los juegos de rol. Pero observando en conjunto ese panorama de obras, dentro de las que yo conozco, creo que si bien tomo montones de aspectos del género, la intriga, el suspenso, las aventuras, hice cosas que a mi modo de ver son distintas. Puntualizo más el equilibro, frente al tradicional enfrentamiento de los extremos, del bien y el mal. Busco no caer en el habitual maniqueísmo.
P.: ¿En sus libros hay más luchas de magia que luchas políticas?
J.I.I.: Hay de las dos. En «Tiempos oscuros» hay un trasfondo de trama política en las intenciones no del todo claras de un anciano, un misterioso vendedor de pociones, para ayudar a escapar de la masacre a los dos protagonistas. En cuanto a la magia, quise darle un toque diferente. No quise que fueran esas cosas que se lanza un conjuro y se logra lo que se quiere. Yo pensé que un conjuro es un trabajo de estudio, trabajo y compromiso con una ideología. Cada escuela de magia representa una ideología respecto a la magia que es como un arte. Están los que la usan para defenderse del mundo que los rodea. Está la que cambia el mundo por la idea y no por la acción. Es la magia del engaño, la magia de los muertos.
P.: Su libro tiene una enorme diversidad de personajes.
J.I.I.: Están de entrada los seres más clásicos del género, los elfos, los dragones, los enanos, los orcos, para hacerle más fácil al lector el ingreso al universo de Nubilum. Ahí tambien hago cambios. Siempre se habló de los elfos como la raza del bien y los orcos como la del mal, yo rompo con ese maniqueísmo, ninguno de los dos tiene esa pureza extrema. A partir de eso creo mis propias razas, que se verán en otros tomos de la saga.
P.: ¿Cómo se las arregla con un universo tan poblado?
J.I.I.: Escribo rodeado de archivos, de mapas de regiones del territorio que he inventado, de fichas de sus criaturas, listas de etnias y facciones, los días y meses del año, las estaciones y las fiestas.
P.: ¿No pensó en la serie «Lost» al planear su isla?
J.I.I.: «Lost» es un gran modelo actual para historias de intriga y aventuras. Empieza sin tocar el nudo de la historia y se va abriendo en un abanico cada vez más grande, y más intenso. Creo que tuve esa serie de referencia cuando pensaba en qué momento de la historia debía comenzar a contarla y cómo manejar los misterios como tensión e intriga. Podría haber empezado en pleno conflicto y hacer flashbacks, pero me pareció más interesante que el lector fuera descubriendo por secuencias.
P.: ¿Usted trabaja en el cine?
J.I.I.: Me recibí de director de Sonido en el ENERC, la escuela del Instituto del Cine. Hice algunos largos y ahora estoy trabajando mucho para publicidad y TV. Entre las películas están «Más que un hombre» con Dady Brieva, «Sacachispas» sobre fútbol y una de suspenso, «El marfil» de Martín Méndez.
P.: ¿Soñó con que su saga llegara al cine?
J.I.I.: Sólo podría serlo como dibujo animado. Acá no tenemos producción y escenarios, y estamos muy avanzados en industria de animación.
Entrevista de Máximo Soto


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