29 de enero 2014 - 00:00

Tensa calma entre los emergentes

Se calmó Wall Street. Se calmaron también las aguas de los mercados emergentes. Primero, lo uno; después, lo otro. Hoy, la Fed concluye su primera reunión de 2014 y se descuenta su resultado, una segunda inyección de "tapering" y, por ende, otra merma de 10 mil millones de dólares en las compras mensuales de bonos. Sin embargo, lo que la semana pasada se apuntaba como causal del alboroto en ascenso, vuelve a digerirse pacíficamente.

En Londres, Alexander Tombini, el presidente del banco central de Brasil, les avisó a sus colegas del Tercer Mundo que deberán acoplarse a la faena que hace tiempo comenzó su institución -la suba de tasas de interés internas- y hacerle frente al proceso de "normalización" de la economía mundial que traerá consigo un alza de las tasas internacionales y la aspiración de los fondos líquidos que antes se dirigían hacia los países en desarrollo.

Lejos de lamentarse, Tombini le contó al Financial Times, que "somos grandes defensores del proceso" a pesar de los ocasionales raptos de volatilidad. Después de todo, la "normalización" refleja un hecho muy favorable para los emergentes, que se consolida la recuperación de las economías avanzadas. Brasil, según Tombini, está a la cabeza de la adecuación (curiosamente, en Davos, la opinión reinante fue todo lo contrario). "No hay que confundir ajuste de precios relativos con fragilidad", sentenció (con sabiduría) al justificar la depreciación de dos dígitos del real. Y acercó la receta para la transición. "Nuestra respuesta ha sido muy clásica: endurecer la política, usar las reservas internacionales como amortiguador". La ortodoxia, vaticinó, no será sólo brasileña: "Otros países tendrán que seguirnos los pasos... Algunos serán reticentes".

La guía Tombini es fácil de entender. Las economías avanzadas se recomponen. Sus políticas se normalizan. Suben sus tasas de interés. La liquidez se recorta y emigra de las economías emergentes. Y la famosa guerra de monedas de Mantega -esa victoria a lo Pirro de la atracción de capitales y apreciación cambiaria que había que combatir como la peste- revierte por fin su curso dañino. Pero al reajustarse los precios relativos y depreciarse la moneda (que antes se había valorizado), surge la peligrosa confusión con la fragilidad. Así, la crisis de los emergentes amenaza pasar, con pocos preámbulos, de una victoria pírrica a una derrota aplastante. Elevar las tasas de interés internas es la prescripción, pues, para evitar los barquinazos, y poder firmar el empate (o, para quienes quieran promover el crecimiento orientado hacia afuera, una derrota digna). La idea es que hay que empezar a acomodarse a una nueva geografía económica mundial poscrisis, todavía en fase de configuración, pero inexorable.

En la estela de Tombini, ayer los bancos centrales de la India y Turquía respondieron con sendas subas en sus tasas de interés y consiguieron el bálsamo de una tregua. Entre los reticentes, Tailandia, la semana pasada, prefirió estirar el tiempo, desairó expectativas y pagó su precio en sacudones. Pero el momento no fue inocuo: las dudas que sembraron China y la Argentina lo hubieran zamarreado igual, hiciese lo que hiciese. Lo que preocupa es que se contamine el "asset class" (la clasificación emergente en su conjunto) y se habilite un dominó de adversidades. De ahí, el proselitismo de Tombini. Interesa que cada uno de los emergentes eleve sus defensas y no corra el riesgo de contagiar al resto.

Así y todo lo que estamos saboreando es un aperitivo. La normalización de las políticas del G-7 no pasa de ser un estudio preliminar. Las tasas internacionales subieron fuerte el año pasado, pero no éste y desde ya siguen siendo bajísimas. La liquidez global no se redujo: las propias economías avanzadas no lo soportarían. Su retiro será muy cuidadoso. En las economías emergentes, el aviso a los navegantes es un alerta temprana: aun así, los capitales emigran y restringen los márgenes de maniobra. Los problemas que se advierten son más bien nacionales y específicos de cada país. Pero el drenaje de recursos puede complicarlos a todos.

La buena noticia es que el "tapering" no desvela a los tenedores de bonos del Tesoro. Y se prueba como perfectamente compatible con tasas largas estables en EE.UU. Nunca es grata la voladura de chapas, por supuesto, pero la valuación de los activos emergentes tiene, al menos, un cimiento firme donde apoyarse. No era el caso en 2013.

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