17 de abril 2009 - 00:00

Terminó el romance del campo con la política

Elisa Carrió
Elisa Carrió
El romance entre la mesa de enlace del campo y la oposición, si es que alguna vez existió, parece haber terminado esta semana. Y la causa no fue sólo el cortocircuito entre Elisa Carrió y algunos dirigentes, como Mario Llambías, por las candidaturas que esos hombres del campo rechazaron. El alejamiento comenzó a verse ya en las sesiones especiales que la oposición convocó para discutir una modificación al régimen de retenciones a la soja, después que Cristina de Kirchner dispusiera por decreto la coparticipación de esos fondos con las provincias.
Y ahora, ante la negativa de los dirigentes a ponerse para la foto en las listas, la relación con la Coalición Cívica y la UCR pasó casi a la indiferencia. Tampoco habrá camino con el peronismo disidente, que tiene en Felipe Solá representación suficiente en ese tema. Y no le alcanza a Carrió que algunas segundas líneas de la dirigencia del agro se sumen a listas en las provincias.
Comienzo de la crisis
La crisis en la relación con la oposición comenzó cuando se cerró la última ronda de diálogos truncos entre la mesa de enlace y el Gobierno. Muchos se entusiasmaron entonces con reeditar un rally de sesiones especiales que terminara con un éxito similar al que consiguieron con la Resolución 125.
Nada más lejos de la realidad. Los ánimos en los partidos de la oposición para continuar aportando caudal político a la pelea entre campo y el Gobierno ya estaban alicaídos.
Hubo punteos de números e intentos de seducir a bloques remisos a sentarse nuevamente en el recinto de Diputados que no llegaron a buen puerto, como el caso del bloque SI liderado por Eduardo Macaluse. Así, el 19 de marzo la oposición consiguió llevar al recinto 103 diputados en un intento vano, pero importante en cantidad de legisladores, para torcerle el brazo al Gobierno y avanzar con una reforma en el régimen de retenciones. Imposible, por ahora, reeditar semejante convocatoria en el recinto, más cuando el agro se niega a comprometerse en las listas opositoras.
Tras esa sesión frustrada, el campo volvió a la protesta. Esa misma noche, Alfredo de Angeli convocaba a las rutas, tal como había amenazado más temprano para el caso en que no se lograra quórum.
Fue ese momento el que marcó el inicio de una relación más fría con los hombres del campo. Mientras Carrió continuaba con su prédica a favor de los productores, independientemente de los escarceos a que la sometían algunos dirigentes, desde el radicalismo comenzaron a analizar que el fuego de la pelea se estaba apagando. Esta semana esa sensación terminó de consolidarse. Será difícil que la oposición consiga convocar alguna sesión especial, por lo menos antes de las elecciones, menos si la Coalición Cívica y la UCR no la impulsan con decisión. Hasta el radical Gerardo Morales intuyó que esa pelea se había mezclado con el clima electoral por el mal camino.
Así, en esta última semana sólo el macrismo pareció querer capitalizar la pelea del campo con el Gobierno con una reunión que ayer convocó el diputado Christian Gribaudo y que terminó con un pedido de renuncia de Alberto Cantero, presidente de la Comisión de Agricultura que, por las suyas, sigue impulsando la unificación de proyectos sobre el agro (todos con aval del Gobierno y que no van al centro de los reclamos de productores).
Esa realidad terminó de alimentarse en los últimos días con la negativa de los dirigentes del campo a integrar listas opositoras. Erraron el cálculo Llambías, Eduardo Bussi, Carlos Garetto o Ulises Forte, pensando que la oposición les organizaría sesiones especiales, audiencias públicas y actos en contra de la política agropecuaria del Gobierno sin exigirles a cambio un acto de amor.

Dejá tu comentario