Los dos extremos del análisis del cuadro de resultados, otorgan claros testimonios de estos nueve meses. En el total de ingresos, la sociedad subió desde los $ 1.245 millones -de 2011- hasta rozar los $ 1.700 millones: tan importante, como que se mide en términos de un 453 por ciento.
En la línea final, de los casi $ 152 millones que llevaba a septiembre del año anterior se descendió a poco menos de $ 136 millones actuales: en tal caso, contracción de beneficios netos por un 16%. Como ya es norma desde un
Mercado regulado, con tarifarios congelados y marcos que no se terminan de modificar (aunque está previsto y oficializado). En tanto, su gran columna de ventas -los líquidos derivados-que están en franja desregulada, se elevaron desde los $ 745 millones del año previo, hasta alcanzar notables $ 1.144 millones: esto resultó un 399% de evolución interanual. Después, costos y gastos hicieron su labor corrosiva, con aumentos de un 330% unos y el 322% los otros, abreviando diferencias hasta llegar a un beneficio «operativo» de $ 417 millones (42% sobre 2011) respecto de los $ 375 millones de antes.
De última, al ingresar a la zona baja del cuadro surgió un renglón que terminó por opacar el trayecto de nueve meses. Los saldos «financieros» (tipo de cambio median-te) que subieron casi un 60 por ciento, de uno a otro ejercicio. En torno del panorama completo, aparece el aliciente de un tercer trimestre: donde TGS ganó $ 34 millones neto, más del 17 por ciento, sobre los $ 18 millones de 2011. Auspicioso.


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