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Tigre protesta, pero no tiene eco
El plantel de Tigre, encabezado por su técnico, Néstor Gorosito, llega a Ezeiza. «Vivimos una pesadilla», fue la frase más escuchada.
Los jugadores llegaron en la mañana de ayer y repitieron el mismo relato que hicieron en caliente en el estadio Morumbí: «Que fueron emboscados por miembros de la seguridad privada de San Pablo y agredidos con palos y los bancos y que uno sacó un revólver y se lo apoyó en el pecho al arquero Damián Albil». La Policía de San Pablo niega que haya agredido y dice que separó a los jugadores de los de seguridad privada, mientras éstos dicen que los jugadores de Tigre querían agredir a los de San Pablo y ellos intercedieron para separar.
No hay cámaras de seguridad en el lugar y el chofer del micro, que había filmado todo, parece que se le borró la filmación.
Por lo pronto, Sergio Massa contrató un abogado brasileño para iniciarles acciones penales a los agresores y la AFA dijo que «acompañará a Tigre» en su protesta a la Conmebol, según informó el secretario Miguel Silva, pero Julio Grondona y José Luis Meiszner (secretario general de la Conmebol) están en Japón viendo el Mundial de clubes.
De acuerdo con el reglamento, a Tigre le pueden cobrar una multa y darle por perdido el partido, pero no le pueden impedir jugar la próxima Copa Libertadores de América, donde no se va a enfrentar con San Pablo en el repechaje, porque los dos son cabeza de serie. En ese mismo reglamento dice que «si se comprueba» una agresión al árbitro o al equipo visitante, se le da por perdido el partido al equipo local y la Copa iría a parar a Tigre, pero ésa es una utopía.
En consecuencia, los que agredieron fueron los de San Pablo, pero el que va a ser castigado (de nuevo) es Tigre.


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