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Tinte mafioso en crimen de un militante del PJ
El frente del local en Avellaneda que alquilaba Juan Giglio y donde,
el martes, fue encontrado asesinado de dos disparos en la cabeza.
Sobre los movimientos previos, se supo que Giglio estuvo el martes por la mañana en el Concejo Deliberante de Avellaneda y que mientras se encontraba reunido con un concejal recibió una llamada telefónica que no atendió y luego un mensaje de texto ante el cual, visiblemente preocupado, se retiró del lugar sin saludar ni dar explicaciones.
Secuencia
El crimen ocurrió el martes en un edificio situado en avenida Mitre, al 321, a metros del Puente Pueyrredón, en el límite entre Avellaneda y la Capital Federal. Ese local era alquilado por Giglio para desarrollar su actividad política.
El hecho se detectó cerca de las 19 cuando allegados a la víctima lo llamaban y al no obtener ninguna respuesta alertaron a la Policía.
Cuando los efectivos de la Comisaría 1ª de Avellaneda arribaron al lugar, ingresaron a la oficina, donde lo hallaron tirado en el piso, sin vida.
Según la información, Giglio había sido asesinado de dos balazos en la cabeza efectuados con un revólver calibre
22. El crimen, según las pericias iniciales, se habría producido unas cuatro horas antes. Junto al cadáver, los pesquisas hallaron una nota construida con palabras recortadas de diarios con la frase: «Así terminanlos que no respetan los códigos».
La causa la lleva adelante el fiscal Roberto Russo, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) descentralizada 2 de Avellaneda, y trabajan los detectives de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) de Lomas de Zamora, que se entrevistaron con los otros ocupantes del edificio.
El dato llamativo es que, cuando se calcula que ocurrió el hecho, había otras personas en el local pero ninguna, según las declaraciones iniciales, vio o escuchó nada inusual.
«No se escuchó nada. Se sospechó que algo había ocurrido porque no contestaba el teléfono y alrededor de las 7 de la tarde llamaron a la Policía», dijo hoy a la prensa Héctor, el dueño del edificio.
«Es un lugar de 50 metros de largo. La mujer estaba en la parte de atrás, nosotros en el comedor, a unos 40 metros y con el televisor encendido. Además, la parte de adelante está como aislada», describió.
«Acá no había reuniones políticas. Él (por Giglio) sólo venía dos o tres horas por día», indicó el propietario y precisó que hacía 4 años que la víctima alquilaba el local. «Nunca hubo un problema con él», señaló.
«A veces se reunía gente y nunca se escuchó una discusión», recordó y aseguró que lo ocurrido le resulta «extraño» porque para él, Giglio «era una excelente persona».


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