18 de marzo 2010 - 00:00

Todo está bien, pero falta Mastroianni

Robert De Niro recrea el papel de Marcello Mastroianni en el film de Tornatore, sin su calidez.
Robert De Niro recrea el papel de Marcello Mastroianni en el film de Tornatore, sin su calidez.
«Están todos bien» («Everybodys Fine, EEUU, 2009, habl. en ingl.); Guión y dir.: K. Jones; Int.: R. De Niro, K. Beckinsale, J. Frain, D. BarryS. Rockwell. 

No es desdeñable esta remake americana de la agridulce comedia de Giuseppe Tornatore que aquí se conoció como «Estamos todos bien», donde un viudo sesentón visita sorpresivamente a sus hijos que nunca van a verlo, y aprende algo sobre ellos y sobre sí mismo. Por supuesto, Robert De Niro no es como Marcello Mastroianni, le falta su calidez natural, pero igual vale.

El padre que compone De Niro es un hombre amable con sus vecinos y proveedores, en especial cuando habla de sí mismo. Todavía es habilidoso, y orgulloso del trabajo que dejó hecho en su vida. Sólo si se lo mira detenidamente se advierte que de joven habrá sido algo menos amable. Hay tipos que recién se ablandan con la edad. Pero a esa altura quizá ya se hayan quedado solos, y no entiendan porqué. En todo caso el que ahora vemos ha conseguido, con actitudes severas, lo mismo que el otro con cariño ansioso: los hijos se mandaron mudar y aún de grandes temen sus reacciones.

«Mamá era buena para escuchar, y tú para hablar», le explica la menor, como una leve recriminación. Él pasó su vida recubriendo kilómetros de cables telefónicos, pero no entendió que toda comunicación es a dos puntas. Por lo demás, el argumento reduce un poco el original de Tornatore, Massimo de Rita y Tonino Guerra. En éste, el viaje del padre a las distintas ciudades donde vivían sus hijos era también un viaje de descubrimiento de la sociedad ajena al «piccolo paese». De todo eso solo se ha mantenido la escena del encuentro con un ladronzuelo.

El resto se centra, pero no profundiza, en las relaciones con cada hijo, describe bien el encuentro con un nonagenario solitario, inserta rápidamente en off las sucesivas llamadas de los hermanos, proveyendo mayor suspenso acerca de un ausente, y, cosa destacable, mejora las escenas oníricas donde el viejo veía a sus hijos como los niños que alguna vez fueron. Acá se inserta bien un sueño premonitorio, y otro «aclaratorio», revelador.

Lástima esos arreglos de guión que ponen la peor revelación en el momento menos indicado, agregan una especie de consuelo tardío respecto a la relación con el hijo más sensible, y remata todo con un final conciliador de «famiglia unita». Para colmo sin tarantela, con un pavo que se nota frío aunque en la escena digan que acaba de salir del horno. Director y arreglador, Kirk Jones, el de «La niñera mágica» y «El divino Ned».

P.S.

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