A un año de la celebración de los Juegos Olímpicos de Pekín, la capital china continúa con sus problemas de contaminación ambiental y con la persecución a los opositores políticos. «Aparte de las infraestructuras, algunas de las cuales muestran signos de deterioro, la contribución de estos juegos fue nula. Fue un evento agradable, sin impacto directo, significativo, en la forma en la que China está gestionada o hacia dónde se dirige», estimó Russell Leigh Moses, un universitario que reside en Pekín.
Muchos chinos no comparten ese punto de vista. Para ellos, los juegos, considerados internacionalmente como un éxito organizativo, dejaron una huella importante en la sociedad.
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