4 de mayo 2015 - 00:00

“Tosca”: alto nivel musical y una puesta carente de relieve

El mayor mérito de  la versión de “Tosca” que estrenó Buenos Aires Lírica se encuentra en el aspecto musical  bajo la batuta de Javier Logioia y con un elenco liderado por la brillante Mónica Ferracani.
El mayor mérito de la versión de “Tosca” que estrenó Buenos Aires Lírica se encuentra en el aspecto musical bajo la batuta de Javier Logioia y con un elenco liderado por la brillante Mónica Ferracani.
"Tosca", ópera en tres actos. Mús.: G. Puccini. Lib.: L. Illica y G. Giacosa, basado en "La Tosca" de V. Sardou. Coro Bs As Lírica (dir.: J. Casasbellas). Coro de niños Petites Coeurs (dir.: R. Bravo). Orq. Bs. As. Lírica. Puesta en esc. y escenog: M. Perusso. Dir. mus.: J. Logioia Orbe (Bs. As. Lírica, Teatro Avenida, 2/5).

Como apertura de su temporada en curso Buenos Aires Lírica jugó nuevamente una carta segura: "Tosca", la ópera de Giacomo Puccini. El saldo de la apuesta es dispar: por un lado, una realización musical desbordante de vigor y matices; por el otro una puesta en escena carente de todo relieve.

El estrecho vínculo de la acción con un lugar y un momento específicos hace que sea casi imposible mover la trama de la Roma de 1800, pero no es ése el punto de discusión. La régie firmada por Marcelo Perusso, signada por una marcación actoral endeble, no se aparta de la obviedad, no conmuve ni impacta, y apoya gran parte de su aspecto visual en proyecciones que (una vez más) no hacen prácticamente más que traducir en imágenes algunas ideas del texto, con una literalidad pueril. Es de rigor destacar sí la belleza de la escultura que reproduce el arcángel San Miguel en lo alto del Castel Sant'Angelo, así como el vestuario de Stella Maris Müller y la iluminación adecuada de Rubén Conde.

Es, como se decía, en el aspecto musical donde se encuentra el mayor mérito de esta producción. La batuta de Javier Logioia Orbe, siempre cuidadosa del balance, permite que las líneas fluyan, respiren, tengan vida y se expandan; salvo por algunos pasajes infortunados de las cuerdas la Orquesta tiene un desempeño brillante. Mónica Ferracani es una Tosca ideal: vocalmente poderosa, actoralmente desenvuelta, musicalmente perfecta, en su magnetismo recae gran parte del atractivo de la producción. Enrique Folger es también un buen actor y su garra y entrega están fuera de toda duda, pero su emisión continúa teniendo pasajes crispados y de afinación errática. Como Scarpia, el barítono Homero Pérez-Miranda vuelve a mostrar su calidad en todos los niveles. Sergio Spina (Spoletta), Christian Peregrino (Angelotti), Enzo Romano (Sacristán) y Walter Schwartz (Carcelero) cumplieron sobradamente con sus partes respectivas, mientras que la voz fresca de Cecilia Arroyo (Pastor) brinda un momento para el recuerdo. El coro de niños tuvo una actuación muy solvente, mientras que el rendimiento del Coro de la institución fue muy bueno en el primer acto y no tanto en el comienzo del segundo, en el que se advirtieron destemplanzas y falta de empaste que desmerecieron la sutileza de este maravilloso fragmento pucciniano.

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