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Tres subastas confirmaron el buen momento de la actividad
La estrella en la subasta del Sívori: «Obra N° 87», de Kasuya Sakai, óleo sobre tela de 1962 (50 x 60 cm), que se remató en $ 53.300.
Otra de las protagonistas fue «Pintura», acrílico sobre tela de Rogelio Polessello de 100 x 100 cms. que bordeó los $80.000. Un significativo ascenso se vio en «Cabeza», excelente tinta sobre papel de Libero Badii, que casi cuadriplicó su base de $3000. En el mismo escenario, «Maternidad», serigrafía de Juan Carlos Castagnino, logró una cifra sorprendente para una obra obra de esta técnica de grabado: $11.200, empezando sin base y al mejor postor.
En la subasta del Banco Ciudad, la obra de Perez Celis «Natura Red», un oléo sobre tela de 60 x 70 cm. de 2004, alcanzó los $42.626 partiendo de una base de $15.000. «Rayonne 234», acrílico sobre tela de Juan Melé con base de $35.000, trepó a los $53.500, y «Fuego Blanco», acrílico sobre tela de Juan Doffo, con base de $6000, llegó a $16.550. «Niña», una mixta sobre papel de Battle Planas, partía de una base de $3000 y logró la marca de $10.650.
En Arroyo, el punto máximo de interés fue el óleo sobre madera «Terraza», de Lino Enea Spilimbergo de 1930 que, empezando con una base de $720.000, llegó a $1.905.700, mientras el óleo sobre tela de Pedro Figari «Mercado Viejo», de 60 x80 cm., salió con una base de $200.000 y alcanzó los $336.300. La obra «El sulky» de Raúl Soldi saltó de una base de $ 55000 a un precio final de $84.075. En otra escala, «Sin título», acrílico sobre tela de 127 x 102 cm. del excelente artista cordobés Miguel Ocampo pintado en 1980, se vendió en $39.235 partiendo de una base de $25.000.
Se sigue advirtiendo, tanto en las casas de subasta como en el relato de coleccionistas, galeristas y art dealers, que el arte se sostiene como inversión aún en momentos donde otras opciones causan duda y reparos. No debe sorprender que así sea ya que antecedentes históricos de este fenómeno se ven a lo largo de los siglos, en momentos de crisis, y hasta guerras u otras situaciones límite.
Desde fines de los 80 en adelante, el «capitalismo salvaje» llegó al arte a partir de los precios récord de la pintura impresionista en EE.UU. y Europa, e impulsó a una generación a buscar rápidas ganancias y -a veces- fama instantánea a partir de la compra de obras importantes, no siempre con buenos resultados. Aquí viene lo paradojal y que convierte a este mercado en perfecto: la compra, cuando es producto de la contemplación y el refinamiento de la percepción de las personas, es la que, a la larga, da mejores resultados aún en lo económico, aunque a un plazo mayor y con menos espectacularidad que otras formas de inversión. Finalmente, las reglas del mercado de arte no son diferentes de las que dan origen al arte mismo.


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