Conviene en estos días, donde el pronóstico más sensato es dar la imagen de un permanente panorama «inestable», repasar los números y -también- detenerse a admirar la formación del gráfico: que deja el desarrollo. Y en estas dos ruedas de reinicio del Merval, ambos trazados resultan de un permanente caminar por zonas de valles y sucedidas por picos, buscando restablecer las cotizaciones, hasta un cierre de escaso saldo adverso. Ayer, en el exterior retornaron los descensos, porque nuevamente privaron las noticias poco halagüeñas -especialmente en Europa- y a partir de éstas todos debieron dedicarse a defender acometidas vencedoras. Caídas del PBI de la «eurozona», incluida Alemania, como un mensaje de la crisis diciendo: «Sigo presente». Desde el 0,5 por ciento de baja en Londres hasta el 1,1 por ciento de Fráncfort, todos tuvieron que asumir una fecha de retroceso. El Dow Jones siempre en su «goteo», fluctuando cerca del neutro para conservar su imagen. Y el Bovespa que no sale de su tónica bajista de 2013, ayer, con baja del 0,56 por ciento.
Poco le quedaba a Merval por hacer, más que plegarse a la señal general, conteniendo dos horas muy marcadas en el gráfico. La baja y mínimo, entre las 15 y las 16 -tocando los 3.286 puntos- que fue seguido de un «rebote» en la hora final y para alcanzar máximo de 3.310 y un cierre devaluado a 3.303 unidades, dejando apenas un 0,12% de pérdida. Total de 36 papeles con alzas por 35 bajas, para reunir un volumen que rozó los $ 56 millones efectivos y ya en términos de fuerzas opuestas, que está con energías a media máquina. En tres plazas, G. Galicia, YPF y Tenaris se conjugó un volumen de unos $ 22 millones (a $ 7 millones por cabeza). Una jornada de tono debilitado para el concierto global, que fue espejo donde se miró el Merval. La Bolsa, pareja.
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