Un hombre de 27 años se hizo detonar entre los dos obeliscos históricos en la explanada de Sultanahmet, situada ante la Mezquita Azul, uno de los lugares con más afluencia de turistas de Estambul. Ocho de los fallecidos son alemanes, confirmó desde Berlín el canciller Frank-Walter Steinmeier, mientras que su homóloga de Perú, Ana María Sánchez, anunció la muerte de un turista peruano desde Lima. Entre los 15 heridos había nueve alemanes, algunos de ellos en estado grave, y una peruana, residente en la metrópoli, que estaba hospitalizada con pronóstico leve.
Por una trágica fatalidad, el lugar del ataque está justo a pocos pasos de la neobizantina "fuente alemana": allí se encontraba el grupo de 33 turistas procedentes de Alemania que se dirigían a una visita guiada al vecino Obelisco de Teodosio.
El primer ministro Ahmet Davutoglu reveló que de acuerdo con las investigaciones en curso, el terrorista era oriundo de Siria y miliciano del EI. No obstante, la agencia de noticias Dogan sostuvo en base a fuentes policiales anónimas que el atacante se llamaba Nabil Fadli y que habría nacido en Arabia Saudita.
"Esto es uno de los ejemplos más bárbaros de las acciones de la organización terrorista Dáesh (EI, acrónimo en árabe)", dijo Davutoglu, que comparó el crimen con los recientes ataques de París y otros atentados suicidas perpetrados contra civiles en suelo turco en 2015. "No es sólo un ataque contra quienes estaban allí sino contra toda Turquía", subrayó el premier.
También el presidente, Recep Tayyip Erdogan, destacó que el país eurasiático "es el primer objetivo de todas las organizaciones terroristas que actúan en la región porque Turquía lucha contra ellas de forma decidida".
La potente explosión se escuchó en numerosos barrios de Estambul hasta una distancia de más de 2,5 kilómetros, pero al producirse en una explanada abierta parece que no causó daños en edificios y monumentos. El atentado sí dejó un profundo impacto en la industria del turismo, ya que numerosas reservas se cancelaron momentos después del atentado, indicó el presidente de la Asociación Sultanahmet de Turismo, Yasar Yavuz, publicó el diario Hürriyet. "Hay 7.000 hoteles en esta zona. Los turistas ahora quieren irse. Ya están buscando pasajes (para regresar a sus países). Con esta explosión, el año 2016 terminó para nosotros", lamentó el empresario.
La explanada de Sultanahmet, que comunica la Mezquita Azul con la basílica de Santa Sofía, el palacio de Topkapi y el aljibe bizantino es el lugar con mayor afluencia de turistas de Estambul, ciudad que recibe al año casi 10 millones de viajeros.
Es la primera vez que el Estado Islámico golpea intereses económicos turcos, como es la importante industria del turismo, ya que sus tres atentados de 2015 se habían dirigido contra reuniones convocadas por los sectores de la izquierda prokurda del país, conocida por sus posturas críticas con el Gobierno de Erdogan. En el primero, perpetrado mediante una bomba colocada en un mitin en Diyarbakir en junio, murieron cuatro personas, mientras que el saldo fue de 33 muertos en el atentado suicida de la localidad de Suruç, el 20 de julio; y de 102 en Ankara, el 10 de octubre.
Horas después del atentado, la policía lanzó una amplia redada en Sanliurfa, una de las ciudades del sureste de Turquía que se considera retaguardia de numerosos grupos armados de Siria, entre ellos el Dáesh, informa la agencia semipública Anadolu. En un operativo simultáneo en 22 domicilios y lugares de reunión, los agentes detuvieron a 21 personas sospechosas de recaudar fondos y provisiones para quienes se proponen pasar a Siria para integrarse en las filas del Dáesh.
También en Ankara se produjeron varias detenciones, pasando a prisión preventiva un ciudadano turco sospechoso de vínculos yihadistas, mientras que 15 sirios fueron entregados a la sección de extranjería para su expulsión.
| Agencias EFE, ANSA y AFP |


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