18 de octubre 2011 - 00:15

Un 17 parcelado, reflejo de rispideces en el universo K

• Cristina priorizó campo y TV.
• Festejo segmentado y oportuna excusa para «mensajes» de conciliación

Gabriel Mariotto y el secretario de Comunicación, Juan Abal Medina, encabezaron un acto en Lobos junto al excorredor de autos Froilán González.
Gabriel Mariotto y el secretario de Comunicación, Juan Abal Medina, encabezaron un acto en Lobos junto al excorredor de autos Froilán González.
Cristina de Kirchner es, lo ha dicho, peronista. Selectiva, del Olimpo partidario -en el que las juventudes K construyeron una trinidad que completa Néstor Kirchner- prefiere a Evita. La invoca seguido y hasta patrocinó que un monumental mu-ral con su rostro flanquee un ministerio. Sobre Perón, poco y nada.

Sin su esposo, Cristina rompió el lazo pragmático que la ataba a los rituales del PJ: así como cerró Olivos a Hugo Moyano y los gobernadores, tercerizó el diálogo con intendentes y dirigentes, y verticalizó el mando, se despojó de las pautas que impone la etiqueta peronista.

Perón -la celebración pagana de El General- engorda el expediente de procedimientos deleteados por la Presidente, mecánica que inició Kirchner cuando suprimió de la marca electoral K el término justicialismo, a pesar de los persistentes pedidos de dirigentes partidarios.

La presunción de que Cristina gambeteó un acto por el 17 de octubre porque la pertenencia peronista, con su parafernalia y sus íconos, puede perjudicarla en la elección del domingo es infundada: el Gobierno superó el 50% a pesar de, entre otros escándalos y desquicios, el affaire Schoklender.

El eventual daño de una foto de la Presidente con los dedos en V debería, en todo caso, medirse más que por el brazo en alto por quienes la rodeen en la postal. Esa ha sido, en el último tiempo, una obsesión de Cristina que regula con celo y método sus cercanías y acompañantes. Lo sabe bien Moyano.

Con sus dogmas, parte del peronismo juzgará herético que en vez de cantar la marcha o dejar un ramo de flores en el mausoleo de Perón en San Vicente, la Presidente haya compartido un almuerzo con Coninagro, buró agrario al que supo acusar de golpista; enemigo de una batalla en la que involucró al PJ.

Propósitos

O que, en su regodeo high tech, haya preferido participar de los 60 años de la primera trasmisión televisiva -en tiempos de Perón- pero para endiosar emprendimientos del septenio kirchnerista: el grupo de señales de TV y la red de televisión digital.

Pero al evitar las pompas y la veneración a Perón y al 17 de octubre, la Presidente eslabonó tres propósitos: no encorsetarse a la parte, aunque esencial, que es el peronismo para el proyecto K, fugar de personajes incómodos y, sobre todo, sobrevolar las tensiones y rispideces que la

orbitan.

A la clásica simultaneidad de actos donde en un altar invisible se disputa cuál patrón o qué pandilla es la que encarna al verdadero peronismo, este 17 de octubre presentó otro matiz: el kirchnerismo que se autoatribuye el rango de ultra se apartó de figuras que juzga ajenas para encerrarse sobre sí mismo en la celebración.

La metáfora más potente la ofreció, una vez más, la provincia de Buenos Aires: Daniel Scioli se dedicó a gritar que Cristina vindica las banderas históricas de peronismo histórico mientras su compañero de fórmula, Gabriel Mariotto, se refugió en Lobos con otros protagonistas K para un acto propio.

De ese show, en la casa en la que nació Perón participó también Juan Manuel Abal Medina, uno de los guardianes de la doctrina K. Habló de que el peronismo está más vivo que nunca, que el kirchnerismo es su continuidad y profetizó sobre el «orgullo» que debe «sentir Perón» por lo que «han hecho Néstor y Cristina».

Es decir; por un lado, los puristas K con relato ortodoxo sobre el peronismo; por el otro, el impuro Scioli, en otro gesto de alineamiento explícito a Cristina, en el que la fecha peronista se convirtió en una excusa oportuna.

No fue el único. Juan Manuel Urtubey, quizá el más díscolo de los gobernadores peronistas, usó el mismo atajo en el calendario: el acto central del peronismo salteño por el Día de la Lealtad para llamar a «llenar las urnas de votos» de Cristina y preconizar que hay «peronismo para rato».

Otra paradoja peronista: el 17 de octubre, que Cristina de Kirchner atravesó sin estridencias, se convirtió en evento para que supuestos desleales juren su lealtad a la Presidente mientras los exponentes K extremaron, con su aislamiento, la reserva de compartir su aura de pertenencia.

La Cámpora, por ese motivo, hizo su módica vigilia en Plaza de Mayo y desistía participar, aunque uno de sus caciquejos, Andrés «Cuervo» Larroque, es candidato a diputado nacional por la Capital, de una cena convocada por el peronismo porteño.

El único arrebato fue de Hugo Moyano desde la CGT (ver nota aparte). El camionero insiste con un método que en estas horas es infructuoso: el clásico recurso vandorista -fue, al menos, Augusto Timoteo Vandor, quien registró la frase para explicitar el mecanismo- de apretar para negociar.

Moyano le puso su rima y tempo a una poesía bélica que otros ensayan en silencio.

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