26 de junio 2014 - 00:00

Un desafío gigante a las promesas de Felipe VI

Madrid - Tan sólo seis días después de su proclamación, se le planteaba ayer al rey Felipe VI la primera prueba de su reinado: el procesamiento de su hermana Cristina en el caso de corrupción que golpeó los últimos años del reinado de su padre y sumió a la monarquía en una crisis sin precedentes.

El caso fue "el martirio" de la institución, como dijo una vez Rafael Spottorno, el jefe de la Casa del Rey que acompañó a Juan Carlos en los últimos tiempos.

Felipe se enfrenta al reto de superar ese suplicio y revertir la crisis de desprestigio a la que ha llevado a la Corona.

Parte con la ventaja de que su hermana fue apartada de facto de la familia real a fines de 2011, junto con su marido, Iñaki Urdangarin, el principal protagonista del escándalo de corrupción.

Cuando en febrero fue interrogada como imputada durante más de cinco horas por el juez José Castro, de Palma de Mallorca, no se desplazó hasta allí nadie de la casa real.

Felipe ha tenido tiempo para mostrar públicamente su distanciamiento de ella. Él y la reina Letizia han hecho todo lo posible en este tiempo por no coincidir con Cristina y Urdangarin, aunque no hubiera fotos de por medio, para no dañar el reinado que acaba de comenzar. Los medios españoles han dado cuenta de que los nuevos reyes hace ya tiempo que retiraron incluso la palabra a la infanta y a su marido.

Desde el jueves pasado, cuando fue proclamado, Cristina y la otra hermana del rey, la infanta Elena, dejaron de formar parte oficialmente de la familia real.

Ésta, según la ley española, se compone del monarca y su consorte -él y la reina Letizia-, los hijos -la princesa Leonor y la infanta Sofía- y los padres del rey -los reyes Juan Carlos y Sofía-.

El nuevo monarca lanzó un mensaje en el discurso en el que fijó las líneas de su reinado la semana pasada, tras jurar la Constitución en el Congreso de los Diputados.

"Hoy, más que nunca, los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren, y la ejemplaridad presida nuestra vida pública. Y el rey, a la cabeza del Estado, tiene que ser no sólo un referente, sino también un servidor de esa justa y legítima exigencia de los ciudadanos", dijo, unas palabras que todo el mundo interpretó en el marco de este caso.

Cristina quedó además excluida de todos los actos de la semana pasada en torno a la abdicación de Juan Carlos y la proclamación de Felipe.

Poco después de conocerse la decisión del juez Castro de procesar a Cristina, la casa real española reaccionó hoy de forma escueta, pero ajustada: "Pleno respeto a la independencia del Poder Judicial". Ni una palabra más, ni una palabra menos.

Y mucho menos un error de cálculo como aquel que cometió cuando la infanta fue imputada por primera vez, en abril de 2013, y expresó "sorpresa" y su apoyo al anuncio del fiscal de recurrir la imputación, como luego hizo.

Aquella imputación fue anulada después por una instancia superior, pero Castro volvió a imputar a Cristina en enero de este año y ya entonces no hubo ningún recurso ni ninguna palabra de más.

Aquella reacción de la casa real en abril de 2013 fue interpretada como una injerencia que no le vino nada bien a la imagen de la institución.

Ayer, la casa real se desmarcó de la infanta. Y por primera vez, en una reacción a una de las actuaciones del juez Castro, incluyó el término "independencia" refiriéndose al Poder Judicial.

Agencia DPA

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