16 de octubre 2009 - 00:00

Un documental difícil de creer

«Unidad 25» (Arg.-Esp.-Fr., 2008, habl. en español). Guión y dir.: A. HoffDocumental.

Hay algo en este documental de Alejo Hoffman que no se puede creer. No decimos la existencia de la Unidad 25, llamada «Cárcel-Iglesia Cristo es la única esperanza», una isla de 245 plazas, exclusiva para presos evangelistas, o dispuestos a serlo con tal de evitar los riesgos de una cárcel común, donde al menor descuido se puede terminar en la enfermería o la morgue, tras haber sufrido indecibles vejaciones. La Unidad 25 existe, como también la 26, de Autogestión Confesional Católica y solo 105 plazas. O, para quien sepa aprovechar el tiempo, la 37, de Formación Agrotécnica y Granja. Eso puede creerse.

Tampoco es la forma de registro y exposición del trabajo, siguiendo a un muchacho que parece actor, desde su llegada a la 25 y su inicial reticencia ante las prédicas de los presos pastores, o de los pastores venidos de afuera, hasta su relativa incorporación al resto de los fieles. Ni esos momentos de confesiones entre internos, donde el protagonista parece un consumado narrador de historias, tirándole la lengua a otro para que cuente las suyas (unas confesiones que bien quisieran los guionistas de policiales o los entrevistadores de televisión). Aunque con alguna reserva, eso también puede creerse.

Tampoco hay por qué dudar de la buena intención del autor cuando expone un alienante sistema de captación de fieles mediante la reiterada, fervorosa serie de cánticos, rezos, y aleluyas gritados a lo loco, que más que evangelistas parecen pentecostales en trance. Esas cosas pasan, y se pueden creer.

Lo que de veras no se puede creer, es que canten tan mal, desafinando a grito pelado, y que haya que aguantarlos prácticamente a lo largo de toda la película. Antes era un placer escuchar los himnos evangélicos, como es un gusto oír la Misa Criolla cantada por el Coro de la Cárcel de Olmos (se lo puede apreciar en «Leonera»). Pero esto es un verdadero castigo. La justicia debería encarcelar ahí unos buenos maestros de canto, a ver si solucionan algo. O hacer una Unidad de creyentes de Hare Krishna, que tienen algo más de oído musical.

P.S.

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