Un entretenido “Amor a tiros”

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«Amor a tiros». Dir.: B. Cappa. Int.: C. Font, S. Mogordoy, L. Vega. (El Camarín de las Musas). 

El operativo policial se desarrolla en un sótano abandonado (un pequeño rincón en el subsuelo de El Camarín de las Musas donde los escombros y hasta el altarcito dedicado a Gilda parecen verdaderos gracias a los buenos oficios del escenógrafo Norberto Laino).

Desde el momento en que la sargento Valentini alias «La Pantera» (notable caracterización de Lorena Vega) ingresa por una rampa, linterna en mano, guiando a la tímida y claustrofóbica Marcelita Gallo (Celina Font), la hija del comisario en jefe, todo es motivo de intranquilidad y desconfianza.

El extraño comportamiento de la agente Gallo (afectada por trastornos psiquiátricos que hasta el momento nadie conocía) empeora a medida que los secretos y chanchullos de la fuerza llegan a sus oídos por infidencia del cabo Ordóñez (gran trabajo de Sebastián Mogordoy) un «bueno para nada», promiscuo y falto de carácter que en su afán de recuperar el amor de «La Pantera» (su jefa y ex mujer) arma un enredo de consecuencias nefastas.

La jerga policial y ese envaramiento tan propio de los uniformados contrastan cómicamente con los trastornos emocionales de los tres personajes, obligados a monitorear a su presa en un cubículo irrespirable, sin baño ni espacios de intimidad. Pero semejante hacinamiento también genera entre ellos una gran tensión erótica.

Con muy buen criterio, el director Bernardo Cappa eludió todo rasgo de parodia para adentrar a este trío policíaco en situaciones de permanente incomodidad y peligro que si bien provocan risa no por ello resultan menos dolorosas para sus protagonistas.

La misión que éstos deben encarar (ya sea para ganarse un ascenso, recuperar la chapa o escapar de las tareas de oficina) cae bajo el peso de las infidelidades, el engaño y la deslealtad. Entre otras decepciones que darán pie a la locura justiciera. Pero no conviene adelantar más, la obra atrapa y entretiene sin ninguna otra pretensión.

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