5 de septiembre 2016 - 00:00

Un fenómeno continental provocado por la crisis económica

 El ascenso de Alternativa para Alemania (AfD) no es un caso aislado y se enmarca en un fenómeno que crece en todo el continente. Los partidos xenófobos ya no son una minoría y se hicieron abanderados de las principales preocupaciones comunes de la región: la crisis en la eurozona, que tuvo su pico con el caso griego, el rechazo a la nueva ola migratoria, los atentados en Bélgica y Francia y la creciente islamofobia.

Ya en las elecciones comunitarias de 2014 se vio un avance sin precedentes de estas formaciones y de los euroescépticos, pero aunque coinciden en varios de sus postulados, no fueron capaces de articularse en un solo grupo parlamentario para ejercer influencia.

En Austria, por ejemplo, en octubre se celebrará la segunda vuelta electoral que enfrentará Alexander Van der Bellen, del Partido Verde, contra Norbert Hofer del ultra Partido de la Libertad de Austria. En tanto, en Francia, Marine Le Pen lidera el Frente Nacional (FN), que va a la cabeza de los sondeos para los comicios de 2017.

El griego Amanecer Dorado es la tercera fuerza del parlamento y en Italia dos fuerzas siguen creciendo: Casa Pound y Fuerza Nueva.

En cuanto a los países nórdicos, el Partido Popular Danés (PPD), y los Verdaderos Finlandeses son las segundas bancadas más grandes en sus países. En Suecia, los Demócratas son la tercera. Casos similares se repiten en Hungría y Croacia.

En Reino Unido, el partido UKIP, fue uno de los principales promotores del "brexit", pero la agrupación está ahora fragmentada y ha perdido respaldo del electorado.

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