29 de julio 2010 - 00:00

Un festín para amantes del ballet

El documental «La danse, el Ballet de la Ópera de París» revela los secretos de una de las compañías más prestigiosas del mundo. Imperdible para balletómanos y recomendable para todo público.
El documental «La danse, el Ballet de la Ópera de París» revela los secretos de una de las compañías más prestigiosas del mundo. Imperdible para balletómanos y recomendable para todo público.
«La danse, el Ballet de la Ópera de París» (Francia-EE.UU., 2009, hablada en francés). Dir: F. Wiseman. Documental. Prod: Françoise Gazio, Pierre-Olivier Bardet, Frederick Wiseman.

Nadie podría negar que el ballet es uno de los microcosmos más cerrados que existen. Incluso para muchos de los que frecuentan sus espectáculos, la forma en que las obras se gestan y ponen en escena, sus códigos, su rutina, son una incógnita. Mucho más misterioso es el funcionamiento de una compañía de danza de primer nivel como lo es la de la Ópera de París, una de las de más tradición y prestigio en el mundo.

Por eso el documental «La danse», del experto Frederick Wiseman (1935), resulta revelador. Se trata de un film de 2 horas 40 minutos de duración que husmea en casi todos los recovecos del edificio y las instancias de ensayos y funciones de ballets clásicos y contemporáneos de esta compañía, y permite ver y oír incluso cuestiones espinosas, como la de una bailarina admitiendo a la directora Brigitte Lefèvre que ya no tiene 20 años y le cuestan ciertas cosas. También se registra la explicación del director de Recursos Humanos al cuerpo de baile sobre la incertidumbre en las jubilaciones (algo que evidentemente no es patrimonio exclusivo de las compañías locales). No hay, en cambio, historias personales ni lugar para más emoción de la que puede surgir de los pequeños milagros que operan todos los días en las salas de ensayo.

Aunque se advierte cierta «inocencia» en la mirada de Wiseman, que parece detenerse en los mismos detalles que cualquier visitante, el disfrute y el provecho que cada espectador obtenga de «La danse» será directamente proporcional a su bagaje de conocimientos. Al no haber videographs ni voces en off que digan que ese señor que mueve sus antebrazos para indicar las posiciones de las piernas es Pierre Lacotte (uno de los bailarines y coreógrafos vivos más importantes) ni que esa señora elegante a su lado es Ghislaine Thesmar (su esposa y musa inspiradora), ni que el muchacho que salta como suspendido en el aire es el genial Manuel Legris, muchos pueden sentirse irremediablemente perdidos. Recién al final los créditos revelarán todo, y ubicarlos al comienzo ahorraría muchas incógnitas y brindaría un mayor provecho de todo lo que el film ofrece. La traducción tiene errores gruesos pero ayuda a no perder detalle.

Wiseman va de lo privado a lo público: pese a que las imágenes se disponen como un gran «fresco» sin una lógica determinada, a medida que se acerca el final se va viendo el producto de los ensayos, en las funciones que tienen lugar en las dos sedes (el Palais Garnier y la Bastille), realizaciones increíbles como «Medea» de Preljocaj y «La casa de Bernarda» de Ek. En definitiva, «La danse» apasionará, valga el juego de palabras, al apasionado por la danza; quien no lo sea podrá gozar también, por supuesto, siempre y cuando vaya convenientemente desayunado de todas estas cosas.

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