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Un final chino en San Sebastián
Lu Chuan, director del buen film «Ciudad de vida y muerte», brindó en San Sebastián. El público abucheó otros premios durante la entrega.
Según dicen que dijo el jurado de otra sección, los de la oficial tenían cada uno su candidato, y en la radicalización de votos, inadvertidamente los del medio terminaron sumando puntos. Tampoco hubo un jurado argentino que haga lobby. En fin. Queda feo pensar que es como clamó, indignado, un periodista andaluz apenas se leyó el dictamen: «¡Lo han vuelto a hacé! ¡Que lo han vuelto a hacé! ¡Cavez que aparece una película redonda, que gusta a tóos, los del jurao le toman envidia y no le reconocen ná!»
También se pensaba que podrían ganar Soledad Villamil y Ricardo Darín, pero en cambio ganaron Lola Dueñas y el debutante con síndrome de down Pablo Pineda, la pareja de «Yo, también» (un deficiente se enamora de su compañera de trabajo). Atención, que Pineda es el primer down europeo que alcanzó un título terciario, y psicopedagogo.
Al menos, en Horizontes Latinos ganó la uruguaya «Gigante», del argentino Adrian Biniez, y la argentina «Francia», del uruguayo Adrián Caetano, sacó mención especial. La recibió Natalia Oreiro, bajando las escaleras como una revelación. Otro leve consuelo: la española «Los condenados», de elenco argentino (Fanego, Goetz, Manso, Fiorentino, etc.) también sacó un premio, el Fipresci, que, salvo excepciones, suele darse a la película que más público expulse de la sala. Ésta se salva por los actores (aunque, según parece, ni ellos quedaron conformes con el resultado de la película).
Además de la competencia, en los últimos días pasaron muchas cosas. Por ejemplo, el director del Festival, Mikel Olaciregui, encabezó con las hermanas Makmalbaf y demás persas una manifestación por la democracia en Irán. Los vascos hicieron la suya, desplegando sus películas con espacio propio. Fuera de programa vinieron John Cusack y Roland Emmerich a publicitar «2012», y la Disney desplegó dibujos, muñecos, making y breve anticipo de «Un cuento de Navidad» en 3D, con Jim Carrey, que a juzgar por lo visto debe ser malísima. En 3D también se vieron «El extraño mundo de Jack», «Toy Story», «Battle for Terra», y el primer largo documental 3D de la historia, «Oceanworld», que incluye escenas de Península Valdez, un trabajo admirable, lástima la cara aburrida que siempre tienen los peces.
Se dio a conocer una colección de tazas diseñadas por Pedro Almodóvar, estilo comienzos de los 60. Grandes comentarios, la exposición «Un perro andaluz. 80 años después», en la Tabakalera, con pinturas y dibujos de Buñuel, Dalí, etc., el guión manuscrito, objetos de época, las dos versiones restauradas, baste decir que el catálogo tiene tres tomos.
Del resto, por la crisis, hubo mucho menos material de prensa, cocteles, y despliegues que otros años. Solo la Argentina hizo una linda recepción, con cerveza nacional, empanadas, guirnaldas tipo baile de club de barrio, y Soledad Villamil cantando rancheras, tangos y otros ritmos en exclusiva. En ese momento había razón de sobra para festejar.
Fin del festival. Ahora San Sebastián se concentra en la campaña para consagrarse Capital Europea de la Cultura 2016 (allá se hacen las cosas con tiempo). También hacen campaña los fiesteros: el Tambor de Oro 2010 para Rebeca Linares, la figurita local que está haciendo carrera en Los Angeles... como actriz porno.


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