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Un Grisham con trasfondo político

Travis Boyette es adicto a violar chicas. Eso lo ha hecho caer preso por lo menos cuatro veces, y aunque lo condenan de 8 a 20 años, a los 3 años logra la libertad condicional. Feroces dolores de cabeza le han hecho saber que tiene cáncer cerebral, cosa que lo ha llevado a un iglesia luterana de un pueblito de Kansas, y a decirle al pastor Keith Schroe: «Hice daño a inocentes y no quiero llevármelo todo a la tumba. Hice cosas horribles, pero una hace años que no me deja vivir. Si le cuento un crimen que cometí ¿se lo dirá a alguien?». Nueve años atrás violó y asesinó a Nicole Yarber, una chica de 17 años porrista estudiantil famosa por sus curvas. Ahora, por ese crimen, en cuatro días van a ejecutar a Donté Drumm, un negro de 27 años que fue estrella del equipo de fútbol americano de Stone.
Grisham comienza con un criminal libre y un inocente preso que avanza en «el corredor de la muerte» (ese «green mile» que hizo famoso Stephen King) hacia la inyección letal. La tensión que provoca esa situación, en una estrategia clásica del suspenso, hace avanzar al lector irrefrenablemente, buscando saber si el sacerdote va a dejar de lado el secreto de confesión, si el violador serial será capaz de presentarse a declarar, si Robbie Flak, el abogado del ex futbolista, podrá desentrañar y revelar la trama de falsedades, manipulaciones, prejuicios y racismo que desde el gobernador del Texas a colaboradores, funcionarios y policías cómplices han urdido contra «ese negro que violó y mató a un a blanquita». Con la pericia que le ha hecho vender más de 250 millones de ejemplares de sus 30 novelas (y lo puso entre los «10 escritores más ricos del mundo» según «Forbes»), Grisham va saltando con ritmo cinematográfico de un escenario a otro, de secuencia en secuencia, haciendo entrar en la celda del inocente, en la casa de su familia, en la familia de la víctima donde está esa madre fascinada con la promoción mediática que ha conseguido.
Grisham es, a veces, un «escritor comprometido» que tiene como secretos modelos a Upton Sinclair y John Steinbeck. Abogado que se dedicó a la defensa de los Derechos Humanos y participa en la lucha contra la pena de muerte, político demócrata que llegó a diputado en su Estado, usa esta novela -entre otras cosas, como seguir haciendo crecer su fortuna- para enfrentar algunas ideas de miembros del partido Republicano como George W. Bush o el gobernador de Texas Rick Perry, que por haber firmado 230 sentencias de muerte se parece mucho al ficcional gobernador Gill Newton de «La confesión». Es más, cuando Grisham escribió esta novela, Perry era candidato a Presidente para enfrentar a Obama en las próximas elecciones; hace unos meses se bajó.
En 2006 Grisham publicó «El Proyecto Williamson», su único libro (hasta ahora) de no ficción novelada donde cuenta la historia real del ex jugador de béisbol, Ronald Williamson, condenado injustamente a la pena de muerte por el asesinato de una mujer. Tras 12 años de prisión, su abogado logró demostrar su inocencia cinco días antes del día en que iba a ser ajusticiado. En «La confesión» retoma aquel hecho para ahondarlo liberando la imaginación en el sentido de su compromiso ético ideológico.
La novela termina con un alerta donde el autor de «El informe Pelícano» parece decir: hasta ahora les fue fácil ir contra los afroamericanos, ya no tanto; ahora van a ir por los hispanos.
M.S.


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