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Un legado y varias trampas que condicionan el futuro
Henrique Capriles Radonski recorrió ayer los estados de Cojedes, Apure y Lara. En este último encabezó un acto multitudinario.
Si es Henrique Capriles Radonski el ganador, su triunfo automáticamente iniciará una bisagra en la historia de su país y de la región: con la era post-Chávez el tablero de Sudamérica y el Caribe estará obligado a reformularse. ¿Querrá y podrá alguien tomar la posta del liderazgo ideológico vaciado de Chávez (y quizás, de bolivarianismo) en la región? En la cartografía política de hoy, sólo dos podrían: Cristina de Kirchner y Rafael Correa. ¿Podría Chávez emprender un camino de «ostracismo activo», alejándose de la participación política directa, pero controlando la «patria potestad» de la revolución, como hacen hoy Lula, Fidel o Mandela? No hay respuesta para esto: en el discurso de Chávez y el del chavismo nunca hubo cabida para la posibilidad de la derrota.
Al cierre de campaña ayer, ya poco importan las diferencias de porcentajes que, más allá de la militancia o no de los encuestadores, dan los últimos sondeos. Reelección asegurada para algunos, ventaja caprilista por 5 puntos para otros. Pero hay números para tener en cuenta. El primero es el índice de abstención: en la presidencial de 1998, fue del 36,5%, en la de 2000 del 43,69% y en la de 2006 del 25,3%. Cuanto mayor sea la concurrencia a votar (el voto no es obligatorio), más posibilidades tiene Capriles de captar el sufragio «nuevo», dicen los analistas. Ese voto «nuevo» es el de quienes no suelen ir a las urnas, pero también incluye el voto joven. En esta elección, el 19% del padrón (18.903.1439 electores en total) está integrado por los venezolanos de entre 18 y 23 años, que votarán por primera vez.
El otro número decisivo es el nueve: nueve son los distritos electorales más poblados que en las últimas elecciones presidenciales concentraron el 68% de los votos válidos: Anzoátegui, Aragua, Bolívar, Carabobo, Distrito Capital, Lara (donde cerró ayer su campaña Capriles), Miranda, Táchira y Zulia.
El más populoso es Zulia (su capital es Maracaibo), con el 12,35% del electorado y cuyo gobernador es Pablo Pérez, integrante de la Mesa de Unidad. Con un 10,32% de los electores (1.950.657), Miranda es el segundo estado más poblado: su fortaleza reside en que forma parte de la Región Capital junto con el Distrito Capital y el Estado Vargas, pero sobre todo en que su gobernador, en licencia, es Henrique Capriles, el candidato opositor.
Tercero es el Distrito Capital, con un 8,51% del electorado (1.608.976 empadronados), y le sigue el estado Carabobo (capital Valencia), gobernado por Henrique Salas, del partido Proyecto Venezuela, aliado de Capriles.
El Distrito Capital (creado en 1999, con la reforma constitucional) se copia geográficamente sobre el Municipio Libertador, que abarca barrios tan disímiles como el 23 de Enero (clase E, la de menos ingresos), Fuerte Tiuna (donde residen las Fuerzas Armadas), o el de clase popular (media baja), Antímano. Aunque el alcalde Libertador es el chavista Jorge Rodríguez, en las parlamentarias de 2010 en este distrito se impuso la oposición por un 47,80% frente al 47,73% logrado por el oficialismo: apenas una diferencia de 1.000 votos marcó el cruce de tendencia en el voto de Libertador-Distrito Capital, que siempre fue oficialista.
No hay certezas en nada. Los analistas indican que el número mágico para esta presidencial es 140.000: equivale a la cantidad de votos que conformaría cada punto porcentual. Eso, siempre y cuando el electorado acuda en un 75% de concurrencia a votar. El CNE indicó que las mesas estarán abiertas para recibir votos (electrónicos) de 6 a 18, pero que los comicios podrían prolongarse hasta tanto votase el último de los electores que estuviese haciendo fila a las 6 de la tarde. El CNE, a su vez, no certifica el horario para difundir los primeros cómputos: sólo lo hará -dijo su titular- una vez que se haya comprobado una tendencia firme e irreversible.
Dias difíciles
Los escenarios poselectorales también se explican por el subjuntivo. Si ganase Capriles la elección, le tocará gobernar un país estructurado por 14 años de Chávez y su partido. Con el Poder Judicial, el Poder Electoral, el Poder Legislativo (con mayoría oficialista) adscriptos al chavismo; con la cúpula de las FF.AA. con indudable lealtad al comandante Chávez; con las milicias bolivarianas, estimadas en 135.000, alineadas a muerte con su líder. Con la mayoría de las gobernaciones en manos de seguidores de Chávez, con casi 4 millones de venezolanos en la nómina estatal, con 5 millones en la economía informal (un 46,5% de la población activa), con 2,2 millones de jubilados, y el 74% de la población perteneciendo todavía a los sectores C, D y E.
Capriles, además, debería transitar, como presidente electo, los difíciles días hasta llegar al 10 de enero, fecha del traspaso del poder. En el ínterin, se llevarían a cabo las elecciones para gobernador, previstas para diciembre, pero sin fecha estipulada aún. El oficialismo, se dice, estaría especulando con el resultado de la presidencial para adelantar o atrasar esa fecha; ¿dejará el chavismo la casa en orden? Algunos traen el recuerdo del incendio en el Ministerio de Infraestructura, después de que renunciara Diosdado Cabello a esa cartera: el fuego destruyó todos los archivos de su administración.
Todos estos factores se resumen en una palabra: la gobernabilidad durante el mandato de Capriles. Porque Capriles tendrá que gobernar con el chavismo adentro. Por eso es que, hábilmente, en su último tramo de campaña, apeló a los chavistas no fanáticos, «arrepentibles». En Maracaibo, la ciudad del petróleo, aseguró que todo el personal de PDVSA seguiría en sus puestos, ayer en Barquisimeto, un exbastión chavista, que como su gobernador, Henri Falcón, «saltó la talanquera» en 2010, cuando renunció al PSUV y se pasó a la oposición. Ése será el voto que podrá no sólo elegirlo, sino que necesitará para también acompañarlo en el Gobierno: el del sector del chavismo que ya decidió no reelegir al presidente, pero que todavía duda si será bien recibido por la oposición.
Si ganase Chávez, el subjuntivo sería como un gerundio: desde 1998 que Chávez viene gobernando. ¿Cuánto más puede cambiar?


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