30 de enero 2009 - 00:00

Un libro para "releer" la obra de Ana Tarsia

«Femina Ludens» recorre distintas etapas del refinado quehacer expresivo de Ana Tarsia, e incluye además notas críticas, citas y poemas de sus autores literarios preferidos.
«Femina Ludens» recorre distintas etapas del refinado quehacer expresivo de Ana Tarsia, e incluye además notas críticas, citas y poemas de sus autores literarios preferidos.
El año pasado fue pródigo en inauguraciones de nuevas galerías, premios de instituciones públicas, exposiciones muy importantes y otras olvidables así como en publicaciones teóricas y libros sobre artistas.

Los meses de verano son propicios para una revisión y análisis de libros como el de Ana Tarsia (Buenos Aires, 1931), alumna de Demetrio Urruchúa, Juan Battle Planas y Aída Carballo, tres artistas significativos del arte argentino y que comenzó a exponer hacia 1950 en exposiciones colectivas e individuales. «Femina Ludens» (186 páginas con ilustraciones color y blanco y negro), título tomado de un poema de Laura Caballero, recorre distintas etapas de su quehacer expresivo, incluye notas críticas, extractos de prólogos, publicaciones periodísticas, poemas y citas de autores preferidos, entre ellos, Alejandra Pizarnik, Vicente Huidobro, San Juan de la Cruz, Isidoro Blaisten, Elizabeth Azcona Cronwell.

Es un libro de los afectos señalan Alicia Romero y Marcelo Jiménez, autores del texto introductorio y como su título lo indica, un mundo personal relacionado con el juego de contar, escribir y dibujar.

Las críticas coinciden en el refinamiento de un dibujo de características oníricas, acentos fantásticos, clima de presagio, situaciones insólitas, el silencio, por ejemplo, cuando la artista aborda los patios porteños. Magia y poesía un fecundo poder de invención en imágenes secretas, a veces fantasmales, otras, barrocas, color parco, terroso, neblinoso. Muchas obras confirman su raíz literaria: su padre era librero y su mundo es también la escritura.

Así como uno se demora ante sus obras complejas, técnicamente virtuosas y que escapan al lugar común, el libro invita a «releerlas» y perderse en esa ficción, en esos territorios que permiten la ensoñación, aún hoy en tiempos tan mercantilizados.

Encontramos un collage extraordinario, a manera de un tapiz de papel. Es un « Autorretrato» con fotocopias de sus propias obras, una densa trama en un ejemplo de fragmentación pero en la que Ana Tarsia se ubica en un centro.

Hacia 2002 Tarsia realiza una serie de significativo título para los argentinos: «Tocando Fondo». De la nadadora inicial a punto de zambullirse, un exquisito lápiz tinta, pasará a armar cajas a manera de piletas donde los cuerpos casi desaparecen. Ninguna técnica le es ajena, utiliza el transfer y la témpera en obras visualmente complicadas, tinta, grafito, lápiz color, collage, calado, la fotografía y la técnica mixta. Ana Tarsia continúa enriqueciéndose y enriqueciendo la mirada del contemplador.

La Galería Empatía (Carlos Pellegrini 1255) abre su temporada 2009 con «Línea de Cinco» bajo la curaduría de Florencia Salas, dibujante , escultora y escenógrafa que también participa en la muestra con collages de pequeño formato(10 x 15 cm.). La palabra es protagonista en papeles intervenidos, quemados, combinados con delicadeza, sin pretenciones de innovación, en los que apenas deja sus huellas, pocas cosas, pequeños accidentes, pequeños juegos espontáneos.

Esta es la tónica de la muestra en la que ha elegido a otras cuatro artistas de su generación para acompañarla.

Cynthia Jakob inventó un alfabeto, una escritura hermética que recuerda la serie de Escrituras de los 90 de Kirin (Carlos Dell' Agostino), un artista con mayúscula que rara vez se muestra. En Jakob las caligrafías se interrumpen o aparecen borrosas por acciones adrede, quitándoles protagonismo.

Laura Kuperman, técnica mixta sobre papel, deja que la línea se expanda, se cruce con otras para volverse trama, pareciera dejarse llevar por la pulsión, por el correr de su mano.

En Marcela Manoukian, la caligrafía es ya casi el soporte y a la que habría que mirar con lupa para descifrarla. Pero no creemos que ésa sea la intención sino también dejar huellas mínimas.

Patricia Szteremberg

denomina «Pentagramas» a sus técnicas mixtas. Las notas, los silencios, pequeños trazos los interrumpen, el pentagrama se contagia, se vuelve algo caprichoso y evade su orden formal, rígido. Otra vez las huellas mínimas.

De eso se trata esta muestra que se recorre en silencio porque así lo proponen estas obras que esquivan el exceso.

Pequeños hallazgos que conforman una estética mínima reveladora de espíritus sensibles. Hasta el 13 de febrero.

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