23 de noviembre 2009 - 00:00

Un nuevo ensamble hizo gran Schubert

El Ensamble Instrumental de Buenos Aires tocó una pieza infrecuente por dificultad y duración, el Octeto en Fa D. 803 de Schubert.
El Ensamble Instrumental de Buenos Aires tocó una pieza infrecuente por dificultad y duración, el Octeto en Fa D. 803 de Schubert.
Ensamble Instrumental de Buenos Aires. Prog.: Octeto en Fa mayor, D. 803, de Franz Schubert. (Templo de la Comunidad Amijai). 18/11. Próx. Conc.: 1/12.

Buenos Aires cuenta con un nuevo grupo instrumental de cámara. El Ensamble Instrumental de Buenos Aires eligió como plataforma de lanzamiento al Templo de la Comunidad Amijai y en él, organizó un ciclo de Abono a 3 conciertos, de los que ya se han escuchado dos con obras de Mozart y Schubert y hay previsto un nuevo encuentro para el primer día de diciembre con creaciones de Hummel y Beethoven.

El Ensamble está constituido por algunos de los más notables músicos de nuestro medio como Pablo Saraví (violín), Hernán Briático (violín), Kristine Bara (viola), Myriam Santucci (violoncello), Oscar Carnero (contrabajo), Mariano Rey (clarinete), Gabriel La Rocca (fagot) y Fernando Chiappero (corno) quienes interpretaron esta vez el Octeto en Fa mayor, D. 803 de Franz Schubert. A ellos se agregan en otras ocaClaudio Barile (flauta), Néstor Garrote (oboe) y Fernando Pérez (piano).

Quienes conforman el Ensamble poseen una larga y destacada labor en algunos de los máximos organismos orquestales del país (Filarmónica de Buenos Aires, Orquesta Sinfónica Nacional) y en los de cámara (Camerata Bariloche, Quinteto Filarmónico) además de brillantes actuaciones solistas. La conjunción de todos estos músicos da como resultado un óptimo conjunto que se manifiesta de manera contundente en un repertorio camarístico de múltiples exigencias tanto estilísticas como técnicas.

Así se escucharon las ocho voces instrumentales que mediaron inmejorablemente el poco tocado octeto schubertiano. Hay razones para que no se interprete frecuentemente. Una es la duración (75 minutos), lo que obliga como esta vez a incluir una sola obra en el programa y otra, las exigencias que hacen de cada músico un solista que eleva su voz en el momento determinado. Ejemplos: Las intervenciones de Pablo Saraví en el violín principal o la dulzura melódica del clarinete empuñado por Mariano Rey, que en el «Adagio» acaparó la atención con la exposición refinada de una de las más bellas melodías de Schubert. Sólo muestras de una excelencia que se adueñó de todo el grupo a lo largo de una hora y cuarto de música de profunda esencia román

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