En 2020, ante el desolador paisaje de cines cerrados y espectadores aislados frente a sus pantallas hogareñas, ni los pronósticos más optimistas, podían llegar a imaginar que a fines de 2022 la actividad en salas, si bien no igual que antes de la pandemia, se recuperaría en más de 70% (proyectando las cifras de diciembre, que tendrá estrenos tan fuertes como “Avatar 2”, a la que el circuito especializado le calcula no menos de 4 millones de espectadores). El réquiem fue demasiado precoz, el entierro prematuro. Pero algo ha cambiado, y eso es la composición del público, mayoritariamente joven, y los contenidos de las películas, cuyos grandes éxitos se restringen, casi con exclusividad, a las producciones de alto presupuesto, de superhéroes. En una palabra, el cine “pochoclero” tan detestado por los críticos pero amado por los exhibidores.
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Un réquiem demasiado precoz: el cine en salas recuperó más de 70% de público desde la pandemia
En 2022 hubo 31,6 millones de espectadores en todo el país, sin los datos de diciembre. La audiencia son jóvenes en su mayoría, y ganan los films de superhéroes y terror. Salvo contados casos, los dramas para adultos quedaron limitados al streaming.
Argentina, 1985. Ricardo Darín y Peter Lanzani en la película nacional más vista en el año en salas.
En definitiva, el cine que sí parece haber emprendido su exilio al hogar es el drama para adultos, que si bien continúa programándose ya no se asemeja, en cantidad de público, a lo que acostumbraba en décadas anteriores. Hay algunas excepciones, como “Argentina, 1985”, que superó el millón de espectadores en sala, a pesar de que algunas semanas tras su estreno conviviera con su subida a Amazon; en cambio, hoy resulta difícil imaginar que un Bergman o un Fellini formen filas de espectadores en la calle.
Vayamos a los números (suministrados por la agencia Ultracine): hasta fines de noviembre, la cantidad de espectadores que asistió al cine en todo el país fue de 31.665.995. En 2019, incluido diciembre, se totalizaron 46.871.081 (2020 y 2021, prácticamente sin actividad, no se tiene en cuenta). En este contexto, la Argentina fue el país de más alta recuperación en toda América Latina. Otros territorios importantes fueron Colombia, Paraguay y, sorprendentemente, Bolivia, que abrió o reabrió numerosas salas. En cuanto a cine nacional, este año tuvo 2.610.141 espectadores (hasta fin de noviembre) contra 3.739.192 en 2019, diciembre incluido.
En títulos y cantidad de espectadores, el ranking de 2022 es el siguiente, también hasta fines de noviembre y siempre según las cifras de Ultracine: 1) “Minions: Nace un villano” (4.564.951), 2) Jurassic World: Dominio” (2.413.852), 3) “Thor: Amor y Trueno” (2.082.777), 4) “Doctor Strange en el multiverso de la locura” (1.977.290); 5) “Lightyear” (1.591.863), 6) “Spider-Man: Sin camino a casa” (1.565.364), “Batman” (1.266.437), 8) “Sonic 2” (1.282.346), 9) “Top Gun: Maverick” (1.020.747), y 10) “Pantera negra: Wakanda por siempre” (578.105).
Veamos el cine nacional: 1) “Argentina 1985” (1.062.645), 2) “30 noches con mi ex” (783.832), 3) “La gallina turuleca” (129.848), 4) “Más respeto que soy tu madre” (114.632), 5) “Ecos de un crimen” (98.170), 6) “Un crimen argentino” (71.619), 7) “Hoy se arregla el mundo” (68.769), 8) “En la mira” (55.051), 9) “El Suplente” (19.424) y 10) “Virus: 32” (13.557). Compárense las cifras de los dos primeros títulos, que monopolizan las preferencias, y la caída que ya hay en el tercero. Una película de zombis como la argentino-uruguaya “Virus: 32”, con poco más de 13 mil espectadores, ya logra colarse en el top ten.
Renovación
No sólo, en consecuencia, el cine como espectáculo cambió radicalmente después de la pandemia (o, como se analizó en otras ocasiones, apresuró esos cambios que ya se perfilaban antes), sino que la explosión del cine escapista, de superhéroes, puede explicarse también por otras razones. Salir hoy a la calle, observar los embotellamientos, los bares y restaurantes llenos; los teatros, los cines, difícilmente haga pensar que, sólo dos años antes, el Apocalipsis se había instalado en el planeta. No se intenta con esto restarle gravedad a la pandemia de covid-19: de acuerdo con las estimaciones más recientes y serias, mundialmente el virus se llevó 6,6 millones de vidas y hubo 630 millones de contagios, sin contar los eventuales rebrotes.
Lo que sorprende, desde el punto de vista del cine, es la falta de una producción dedicada al tema de la pandemia. Hasta ahora, el film más verosímil y aterrador continúa siendo “Contagio”, de Steven Soderbergh, película realizada en 2011, que profetizó de manera sorprendente algunas de las escenas que, nueve años más tarde, se verían a diario en los noticieros. “Contagio” fue muy citada en aquel momento, repuesta en algunas plataformas o canales de cable, y no fueron pocos los que prefirieron no verla. El mismo Soderbergh, en febrero de este año, estrenó en HBO Max un modesto film de suspenso y ciencia ficción, “Kimi”, con Zoe Kravitz, en el que sólo uno de sus personajes sufre ansiedad y síndrome de reclusión por efecto del covid-19, apenas un detalle insignificante si se lo compara con “Contagio”, que fue algo así como el “Titanic” de la pandemia: con una gran diferencia, era una película fantástica, no realista, una carga que quizá el público hoy no aceptaría. Las imágenes que se veían a diario de los ataúdes apilándose en el norte de Italia, por ejemplo, o los cadáveres echados en fosas comunes en territorios pobres, o las previsiones de espacios para albergar contagiados como si se tratara de una guerra (de alguna manera, lo fue), están todavía muy frescas como para que el cine de ficción se ocupe de ellas.
Sin embargo, la cercanía en el tiempo no parece un argumento convincente. Durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, el cine bélico era abundante. Hay que tener en cuenta el elemento propaganda, pero hubo también numerosos títulos antibélicos producidos inmediatamente después. Con el apetito voraz que tienen hoy las empresas de streaming por sumar “contenidos” a sus plataformas, que no exista todavía “la serie” o “la película” sobre la pandemia es llamativo. Otros temas recientes, como el “#MeToo, ya tienen sus películas (“Ella dijo”, por ejemplo, estrenada a fines del mes pasado); ahora acaba de saberse que Amazon Prime encargó una serie de ocho capítulos sobre FTX, la empresa de criptodivisas fundada en 2019 y que implosionó en estas últimas semanas. El escándalo, que aún no ha sido investigado a fondo, ya tiene su miniserie. La pandemia no.
A mediados de 2020, en este diario, publicamos un artículo sobre un enigma de características parecidas, que su reiteración ahora da la pauta de que hay temas que, salvo que se trate de fantasías o cine catástrofe, el cine prefiere evitar. En 1918, apenas terminada la Primera Guerra Mundial, el mundo fue víctima de la llamada “fiebre española”, que se prolongó hasta 1920, el año del can can, el cabaret, el champagne y la belle époque. De acuerdo con estimaciones no demasiado rigurosas, esa pandemia dejó un mínimo de 25 y un máximo de 50 millones de muertos, más que en ambas guerras juntas. No existían vacunas, ni controles sanitarios estrictos, y aunque en muchas regiones la gente usaba barbijos, la vida continuó sin interrupciones. No hubo “lockdown”, ni bloqueod, ni calles fantasmales, ni se paralizó toda actividad como durante el covid 19.
Hubo artistas de renombre que murieron por la fiebre española, como Gustav Klimt, Egon Schiele, Guillaume Apollinaire, Edmond Rostand (el autor del “Cyrano de Bergerac”), y hasta el presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson. Sin embargo, hasta el día de hoy, no existe ni una sola película, ni una obra teatral, ni una novela que trate centralmente el tema, más allá de referencias, al pasar, en personajes secundarios (como ocurre en “Dos hermanos, dos destinos”, de Valerio Zurlini, o “Avalon”, de Barry Levinson).
Sería injusto decir que no hay registro cinematográfico del tema del covid-19: además de algunos documentales, están la francesa “Calle de la Humanidad, 8”, de Dany Boom; la canadiense “Corona”, de Mostafa Keshvari; la colombiana “No quiero estar sin ti”, de Mauro Mauad, la miniserie española-argentina “Cancelled”y el film argentino en episodios “Murciélagos”, rodado a través de “zoom”. Y siempre con alcances minoritarios.
Posiblemente, la mayor contribución que haya hecho la pandemia al cine sea el descubrimiento de ese “zoom” como método de rodaje a distancia, aunque no parece que vaya a producir demasiadas obras maestras para la historia.

