18 de septiembre 2013 - 00:00

Un tema duro, pero malogrado

Un tema duro, pero malogrado
Antonio G. Iturbe "La bibliotecaria de Auschwitz" (Bs.As., Planeta, 2013, 483 págs.)

En el campo nazi de concentración y exterminio de Auschwitz existió un lugar, el bloque 31, al que los nazis llamaban Kinderlager porque allí amontonaban a 521 niños. Chicos que de forma clandestina fueron instruidos escolarmente.

Para lograrlo se contó con una biblioteca de 9 libros al cuidado de una chica de 14 años: "Historia del mundo" de Wells; una Gramática rusa; un atlas universal; un tratado elemental de álgebra; un ensayo de Freud; una novela rusa sin cubierta, "Las aventuras del buen soldado Svejk" de Hasek, "El conde de Montecristo" de Dumas, "La montaña mágica" de Mann.

Ese asunto el periodista aragonés Antonio Iturbe, director de la revista española "Qué leer", lo encontró en un fragmento del libro del argentino Alberto Mangel "La biblioteca de la noche". Allí cuenta que entrevistó al escritor Ota Kraus, un maestro y escritor judío checo, que le habló de aquella "biblioteca infantil clandestina". Le dijo, que era escondida por una chica llamada Dita, con la que más tarde se casó. A partir de allí, Iturbe, inició una investigación que fue ayudada por el azar.

Lo primero fue saber algo de Ota Kraus. La pista se la dio "The painted wall", una obra de Kraus que encontró en Internet, los libros son los eslabones de esta gesta. Ese libro le dió un posible vínculo con el sobreviviente de Auschwitz. Pero, Kraus había muerto en octubre de 2000, y quien hablaba era su esposa, Dita. Nada menos que la protagonista de aquella epopeya cultural en medio del horror. Comenzaron a cruzarse e-mails. Dita desde Israel lo llenaba de informaciones. Iturbe que había pensado convertir aquello en un largo reportaje, de pronto se dió cuenta que eso daba para una novela, emotiva, conmovedora, con un conjunto de personajes interesantes. Donde se mezclaran las mezquindades con las heroicidades, las delaciones con las valentías, las traiciones con las lealtades, los odios frente a los amores.

Es mucho lo que se ha escrito sobre el Holocausto, y en los más diversos géneros, como para lograr algo de alto nivel luego de los libros de Primo Levi, Imre Kertsz, Claude Lanzmann, Jorge Semprún.

Iturbe tenía un gran tema que ponía en foco el coraje de un chica que se había convertido en bibliotecaria en medio del infierno, que mostraba la capacidad de resistencia de los humillados, y estaba también el encumbramiento del libro como objeto liberador espiritual en medio de la cárcel más ominosa, como "un tren que lleva de vacaciones", como un feliz refugio en tiempos difíciles.

El tema era pequeño y, a la vez, demasiado grande, y hace que Iturbe se disperse, caiga en trazos torpemente gruesos que hace inverosímil, por caso, la figura de Josef Mengele. Pierde por momentos el gran personaje de Fredy Hirsch, ese instructor de deportes que se transformó en maestro de los chicos del Auschwitz.

Si no consigue sacar partido de las vetas de la prosa novelística, tampoco va más allá de apuntes para un guión de cine, y sin embargo es una novela que se deja leer con interés y a vuela página.

Vale la frase donde William Faulkner señalaba que lo que hace la literatura es como un fósforo en medio de un campo en medio de la noche, no ilumina casi nada pero permite saber cuanta oscuridad hay alrededor".

M.S.

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