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Un típico partido por la permanencia
Una muestra de lo que fue el partido. Martín Galmarini saca de cabeza, peleando con Mariano Pavone. Sobró sudor y lucha, pero de fútbol, poco y nada.
Sobró sudor y faltó inteligencia. Los que intentaron jugar terminaron de bruces en el suelo y ganaron los que intentaron destruir.
Sobró tensión y faltó fútbol. Tanto que cuando Lamela y Lanzini por un lado y Botta y Morales por el otro proponían tratar bien a la pelota, aparecía uno que la revoleaba lo más lejos posible.
Hubo, a pesar de esto, situaciones de gol claras, sobre todo en el primer tiempo, cuando los dos tenían aire.
Daniel Islas le sacó un remate cruzado increíble a Manuel Lanzini y, por el otro lado, el debutante Leandro Chichizola le atajó un zapatazo a un ángulo a Mariano Pernía.
También hubo errores que pudieron costar muy caro, como el intento de gambetear del arquerito de River que Morales interceptó y no fue gol de casualidad.
Los dos se jugaban mucho, porque una derrota los ponía muy cerca de la promoción, por eso arriesgaron lo indispensable, y aunque los técnicos terminaron poniendo tres delanteros de cada lado, no pudieron resolver la forma de desequilibrar a la defensa rival.
Empataron sin goles y fue el resultado lógico de un partido donde la pelota estuvo por el aire y las ideas por el suelo.
Los dos jugaron pensando en no perder para seguir comprometiéndose con el promedio. Por esta causa salió un encuentro deslucido, sin claridad y con escasos metices creativos. Existirán muchas excusas, pero lo real es que tanto Tigre como River están pasando por un presente que, sin duda, no es el mejor. La actuación de ambos en la inauguración del certamen así lo demostró.
Los técnicos se habrán ido conformes, porque ninguno de los dos perdió «la final del Mundo», pero fueron 90 minutos de un espectáculo muy lejano al fútbol.


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