11 de abril 2011 - 03:21

Un triunfo presagiado que anima el sueño presidencial 2015

• Con la victoria de ayer, el reelecto gobernador fortalece su ansia de carrera nacional

Juan Manuel Urtubey insiste en marcar su ‘‘no alineamiento imperante’’ con el kirchnerismo para sostener el respaldo del frente local que no comulga con el Gobierno nacional.
Juan Manuel Urtubey insiste en marcar su ‘‘no alineamiento imperante’’ con el kirchnerismo para sostener el respaldo del frente local que no comulga con el Gobierno nacional.
Salta (enviada especial) - Ensayada hasta la espontaneidad, la elección en Salta terminó tal como el oficialismo había presagiado: el gobernador Juan Manuel Urtubey logró como candidato del justicialismo un segundo mandato al frente del Ejecutivo con una amplia ventaja sobre sus dos principales adversarios.

Tampoco hubo sorpresas en torno a la definición del segundo puesto, finalmente acaparado por el diputado nacional Alfredo Olmedo, quien suponía el respaldo del líder del PRO, Mauricio Macri, pero al filo de la veda electoral prefirió que el dato se pierda como algo anecdótico. De todos modos, el jefe del Gobierno porteño podrá presumir de haberle sumado votos al millonario sojero, más allá de los desamores porque no aportó -dice Olmedo- financiamiento para la campaña.

El podio se completó, lejos, con el también diputado nacional Walter Wayar, a quien el tan remachado apoyo de Hugo Moyano -que con cierta ironía los «urtubeyteístas» reconocen como la «mejor ayuda que pudo dar el Gobierno nacional para la campaña»- sólo le alcanzó para arañar el tercer puesto.

Con una estrategia personalista propia, en la que cumple el rol de médula empastadora de posiciones irreconciliables, Urtubey encuadra hoy sus ambiciones en la provincia, pero aspira a amplificar esos límites. Sus pretensiones de llegar hasta Balcarce 50 fueron in crescendo: primero se adelantó la votación con la elegante excusa de la primera aplicación de la boleta electrónica, aunque con el tiempo suficiente para poder llegar a octubre como vice de Cristina de Kirchner. Ante el poco eco que esa idea tuvo en la Casa Rosada, Urtubey ahora apunta -dice- a correr su propia carrera hacia la presidencia en 2015.

Enfocado en el objetivo mayor, que dependía en gran parte de lograr una buena reelección en Salta, Urtubey ajustó su maniobra de «no alineamiento imperante» que apunta fundamentalmente a combinar su ineludible -y necesaria hacia delante- cuasi lealtad K con las fracciones que componen el frente que lo respalda en Salta y que no acuerdan con el Gobierno nacional. Además de no acordar con políticas nacionales -como la energética y la coparticipación, entre otras tantas-, más argumentos se encuentran concentrados en el partido Renovador -que le dio sus colores en 2007 cuando se convirtió en gobernador por primera vez y quebró con 12 años de reinado de Juan Carlos Romero, el mismo donde empezó a dar sus primeros pasos en la política-, y lo empujan a ratificar: «No soy kirchnerista», pocos minutos después de conocer los resultados finales. Sin embargo, prepara para mañana posiblemente un viaje a Buenos Aires para visitar a la Presidente como flamante gobernador reelegido.

En este contexto, a la luz de los resultados, aparece como un desafío mayor a los puntuales que van relacionados con la administración de la provincia: el de ser reconocido como un gobernante diferente, pero sin que eso moleste -según dicen en su entorno- «estéticamente».

No se puede obviar su capacidad de equilibrista: combina su discurso oficial, en el cual remarca que «sin disenso no puede haber democracia» con sus costumbres más tradicionales. Desde hace tiempo, es parte del elitista Club 20 de Febrero de Salta -el exgobernador Romero sólo logró ese honor mientras estuvo al frente del gobierno local-, donde las familias que quieren ser socias deben contar con el visto bueno de la totalidad de sus integrantes, que votan con bolillas blancas y negras. Una sola bolilla negra basta para ser rechazado.

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