2 de septiembre 2015 - 11:20

Un tropiezo no es caída y puede ser el inicio del éxito

Robin Chase estaba a punto de cumplir 40 años y a su deseo de convertirse en entrepreneur le faltaba algo importante: una buena idea. Un día cualquiera, una amiga que había vuelto de un viaje a Alemania le contó sobre un nuevo negocio que había visto en ese país. Se trataba de una compañía de alquiler de autos, que en lugar de ofrecerlos por día o semana, los ofrecía por hora. Así es como, sin saber nada de automóviles, ambas cofundaron Zipcar en 2000.
Momentos después de que lanzaran su web, consiguieron su primer cliente y los medios locales se hicieron eco de lo fantástico de la idea.
¿Cuál era exactamente esta idea? Alquilar autos y cobrarles a los clientes una membresía mensual, además de cargos diarios o por hora. Sin embargo, pocos meses después de su lanzamiento, Chase percibió algunas fallas en la planificación de los números y se vio forzada a subir las tarifas. Como era de esperarse, la compañía perdió clientes. Pese a esto, Chase continuó su empresa y aunque ya no es CEO de Zipcar, la experiencia y sus errores le permitieron convertirse en una experta en temas de transporte. En la actualidad vive en París, donde lanzó una nueva firma denominada Buzzcar, que ofrece el servicio de alquiler de autos con un modelo de negocio colaborativo.
La toma de decisiones sustanciales y los cambios de rumbo en las ideas y los proyectos son caminos que se tornan ineludibles para quien quiere emprender y ser su propio jefe. Las experiencias contadas repiten historias de obstáculos, errores insalvables y golpes de timón, siempre con un objetivo, un emprendimiento exitoso y un final feliz.
"Mi primer proyecto fue un emprendimiento turístico que desarrollamos con mis hermanos, que nunca tuvo vida propia. La idea era armar un lodge de lujo para turistas americanos en la provincia de Corrientes, para caza y pesca. Lanzamos el producto pero al poco tiempo lo dimos de baja". La anécdota pertenece a Tomás Pando, CEO de la marca argentina de alpargatas PAEZ, quien desde Europa le contó a Ámbito Biz cómo fue ese proceso: "Nos dimos cuenta de que el acceso o el transporte al lodge no era el adecuado para un turista exigente. No hay conexiones de avión ideales para llegar a Corrientes", cuenta.
Tomás recuerda que más tarde "ya con más aire en la cabeza", decidieron armar un proyecto de alpargatas junto con su socio, Francisco Murray. El sueño de ambos era "llevar al mundo parte de la cultura e identidad argentina, pero desde una mirada más moderna y cosmopolita, no tradicional". Así nació PAEZ, que atravesó distintas crisis pero que hoy es una empresa ya madura y consolidada.
Sebastián Estévez Ulrich proviene de una familia que se dedica desde 1987 a la producción de videos y cobertura de eventos sociales en Buenos Aires. Y él continuó la tradición después de haber heredado no sólo el know how del negocio sino también los equipos. "Los casamientos eran todos iguales, yo me destaqué en dos cosas. Primero, que le ponía mucha onda al evento, me metía con la cámara en las rondas, los túneles del trencito. Yo lograba las mejorar tomas...", cuenta. Pero algo falló. "El proceso fue muy desordenado, empecé a tener mucho trabajo, contraté gente nueva, pero ya no podía tener costo competitivo ni calidad que yo le ponía. Fallé totalmente en la manera de presupuestar y, por sobre todo, no supe poner límite a los pedidos de los clientes, ellos me pedían cosas que no estaban contempladas y yo con la impronta de brindar un servicio excelente e integral hacía todo... pero a la hora de pagarlo nadie quería...". "Tuve una lucha interna con el dinero, me costaba mucho hacer valer mi trabajo y el de mi gente", agrega.
Gracias a su falta de experiencia, que lo llevó a estar casi en bancarrota, Sebastián tuvo la capacidad de detectar una oportunidad que le iba a cambiar radicalmente el rumbo de su vida. Dos de sus clientes vieron cómo sin recursos lograba promocionar su empresa y obtener grandes cuentas, y le pidieron que haga lo mismo para ellos. Así nació Push Comercial, la consultora que hoy lidera además de seguir trabajando en Atinua, la empresa familiar de videos.
Pablo Orlando, miembro de la comisión directiva de INICIA, probó suerte varias veces antes de fundar GoodPeople. Mientras cursaba el secundario, en pleno boom de internet, se lanzó a desarrollar sitios web. "Todas las empresas los necesitaban y también requerían un sistema de correos electrónicos", recuerda. Más tarde, en el último año del colegio, el boom de las ojotas brasileñas lo tentó para incursionar en este mercado. Y así es que produjo ojotas de a miles. "El primer año se vendieron todas, el segundo muy pocas, porque la competencia tenía banderita brasileña, y en ese momento todo el mundo las quería con banderita brasileña", señala. "Siempre me tuve confianza y vi todo como factible", añade Pablo, y es por eso que su espíritu emprendedor le dictó seguir adelante y fundar su actual empresa, Good People, una cadena de locales off line y un sitio web, que representa y distribuye marcas de deportes extremos, que fue elegida entre las mejores 50 startups argentinas.
"El emprendedor argentino debería tener híperdesarrollada su sensibilidad, pues hasta la tercera y cuarta fase de su desarrollo es probable que no logre consolidarse lo suficiente como para superar crisis profundas internas y externas", afirma Jorge González, fundador y director de G&A Pharma Consulting, especialista en Management y Desarrollo de Negocios.
"Se debe tener muy en claro que ser propietario o dueño del emprendimiento, o haberlo fundado, no implica necesariamente potencialidad ni mucho menos garantía de éxito. Es el espíritu visionario y aguerrido de construcción y desarrollo de iniciativas lo que sostiene el espíritu emprendedor que todo empresario de raza lleva adentro", añade. En este sentido, existen algunas señales que pueden dar la pauta de que un emprendimiento no está yendo por buen camino, señala Jorge. Éstas son, por ejemplo, la incapacidad para pensar o funcionar estratégicamente; incapacidad de liderazgo; falta o merma de consultas sobre los productos o servicios que se ofrecen; sensación de falta de pertenencia en el ámbito del rubro del negocio; baja o insuficiente rentabilidad; rechazo del mercado a la política de precios, y la lista contitúa.

RECARGAR ENERGÍA
Los emprendedores coinciden en que de todas las experiencias se aprende algo que luego se aplicará en futuros proyectos. "El emprendedor de pura cepa no se detiene ante malas experiencias, sólo se toma descansos para recargar energía y salir nuevamente a desarrollar sus iniciativas", dice Jorge González.
"Cualquier experiencia vivida, exitosa o no, lo forma a uno para la próxima. Uno se hace más fuerte, sabio", reflexiona Pablo Orlando.
Tomás Pando rescata la persistencia como valor clave en el emprendedor, y que "hay que rodearse de gente que sabe más que uno, y sumarlos al equipo". "Con el paso del tiempo le perdí miedo a la palabra fracaso. La fórmula es sencilla: para intentar tener éxito, hay que tomar decisiones arriesgadas que te pueden llevar al fracaso", advierte. Y aconseja: "Se revierte sabiendo las reglas del juego: la probabilidad de fracaso al emprender es muy alto, cerca del 70%. Ese es el punto de partida".
"Aprendí que se debe tener un plan por si todo sale mal, aprendí que los costos deben ser siempre lo más optimizados posibles, así estemos en época de vacas gordas, cada recurso debe optimizarse al 100% y mínimo cada 6 meses revisar todos nuestros costos y procesos para mejorarlos", comenta Sebastián Estévez Ulrich. Y agrega que "tanto el miedo como la posibilidad del fracaso, son para mi aliados permanentes en todas y cada una de mis decisiones para conmigo y para mis asesorados". Para Sebastián, es importante levantarse después de un tropiezo, pero "no mover un dedo hasta no reconocer por completo la piedra que nos hizo caer. Reflexionar sobre el error, analizar qué sucedió paso por paso, una y otra vez hasta tener claro que con esa piedra no tropezaremos más".

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