23 de septiembre 2009 - 00:00

Una anécdota sencilla, pero no siempre creíble

Luis Brandoni y Florencia Raggi en «El regreso del Tigre», una comedia dramática de Luis Agustoni sin demasiado vuelo cuyo mérito más destacable es la humanidad de sus personajes.
Luis Brandoni y Florencia Raggi en «El regreso del Tigre», una comedia dramática de Luis Agustoni sin demasiado vuelo cuyo mérito más destacable es la humanidad de sus personajes.
Un escritor que filosofa acerca del tiempo y los afectos; un veterano rockero que se resiste a sentar cabeza, y una mujer dividida entre el amor del primero (su actual marido) y el recuerdo del segundo (que huyó rumbo a Europa apenas ella quedó embarazada dieciséis años atrás) son los protagonistas de esta historia centrada en los problemas de pareja y en las relaciones entre padres e hijos.

Aquel bebé que tuvo Luisa (Florencia Raggi) de muy joven, hoy se ha convertido en una inquieta adolescente con dotes de escultora que convive en discreta armonía con su madre y su padrastro. Hasta que un día, el músico tarambana, al que todos llaman «el Tigre», decide pegar la vuelta para conocer a ese hijo del que todavía no conoce el nombre ni el sexo.

Su regreso trastorna al apacible matrimonio de Dimas (Luis Brandoni) y Luisa, dejando en evidencia varios conflictos que hasta ahora permanecían ocultos (los hijos que no tuvieron, el excesivo sometimiento de él ante la soberanía casi absoluta de esta ex madre soltera que no lo deja ni opinar sobre la crianza de su hija.

El Tigre, por su parte, tendrá que derribar varios obstáculos, propios y ajenos- para poder conectarse con Teresa (Celeste Gerez), como un padre amoroso, responsable y un poco más consciente de sus limitaciones.

La pieza de Luis Agustoni describe la cotidianeidad de la pareja protagónica con gran sencillez, recurriendo a diálogos creíbles que no van más allá de la anécdota puntual. Los conflictos en juego responden a circunstancias muy específicas que no llegan a alcanzar un nivel metafórico. Esto hace que los devaneos filosóficos de Dimas resulten pretenciosos, casi fuera de lugar. En esos momentos Brandoni pierde algo de su proverbial naturalidad, pero en otros brilla como comediante y arranca numerosas carcajadas de la platea.

Otro recurso fallido es la rimbombante aparición del Tigre, un personaje que no está a la altura de las expectativas generadas previamente. Pese a la energía que le aporta Patricio Contreras, este rockero recién llegado de Milán, resulta demasiado payasesco en relación a lo que se dice de él. Todos admiran su gracia y sex appeal, pero las ridiculeces que él hace no las toleraría ningún hijo adolescente (aunque acá ocurra lo contrario).

Aún tratándose de una comedia dramática sin demasiado vuelo, la humanidad de sus personajes permite convocar al público que disfruta de un teatro popular y de fácil comprensión.

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