20 de noviembre 2012 - 00:00

Una aplaudida “Puerta de Hierro”

Mar del Plata (Enviado especial) - Aplausos espontáneos y agradecimientos provocó ayer una película nacional realmente bien hecha: «Puerta de Hierro. El exilio de Perón», de Víctor Laplace y Dieguillo Fernández. Básicamente centrada en 1972 (con escenas en 1955-6 y 1964), impresionan las actuaciones, la ambientación, y particularmente los diálogos, donde el León Herbívoro elucubra su estrategia de regreso mientras asiste perplejo a la creciente influencia de López Rega sobre Isabelita.

«¿Le van a mandar un dvd a María Estela?», preguntó alguien capciosamente, después de la función. «Puede ser» respondió Laplace, luciendo la camisa blanca, sin saco, como hacía El Primer Descamisado ante sus seguidores. Doce años después de «Eva Perón», Laplace ha vuelto a encarnar al General, y esta vez lo hace todavía mejor. «Bueno, fui cumpliendo años», explicó de buen humor. En la película lo acompaña un elenco excelente, encabezado por Victoria Carreras, Javier Lombardo como el fiel Jorge Antonio, el ascendente Sergio Surraco en el papel de Rodolfo Galimberti (muy interesante la última charla entre el Viejo y el joven) y, sobre todo, Fito Yanelli como El Brujo. «Fue difícil pero pude sacar lo peor de mí», confesó este actor.

Párrafo aparte, el meticuloso trabajo de la directora de arte Adriana Mestri, la música de Damian Laplace, que incluye un tango a cargo de Hugo del Carril hijo y, en especial, el libreto de Laplace y Leonel D Agostino. «Con rigor y subjetividad nos animamos a imaginar aquellas escenas que nadie ha visto, para que aparecieran sus dudas, sus broncas, certezas e incertezas, junto al deseo de volver», sintetizó el factótum de la obra. Y lo hace de un modo nada peronista: mientras el Lider recomendaba incluir a los malos «porque si nos juntamos los buenos vamos a ser muy poquitos», en esta producción no hay absolutamente nadie malo. Le podrán reprochar ciertos recursos explicativos sobre los vaivenes del General, pero son necesarios. Hay toda una generación que lo conoce mal.

Por eso también es destacable la inclusión de párrafos como el siguiente, del propio Perón, para explicar la caída del 55: «Nuestros enemigos no nos han derrotado; sino que hemos caído víctimas de nuestras propias debilidades internas. O, con mayor rigor, de nuestras defecciones, de nuestro aburguesamiento. Un movimiento político cuyos dirigentes no estén dotados de una profunda moral, que no estén persuadidos de que ésta es una función de sacrificio y no una ganga; que no estén armados de probada abnegación; que no sean hombres humildes y trabajadores; ese movimiento está destinado a morir, a corto o largo plazo, tan pronto trascienda que los hombres que lo conducen y dirigen no tienen condiciones suficientes para hacerlo».

P.S.

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