- ámbito
- Edición Impresa
Una “Cappella” que se deja seducir por los madrigales
La Cappella del Fin del Mundo presentará el domingo, en el Festival Permanente de Música Barroca de Buenos Aires “ReVivaldi”, un recital de madrigales de Gesualdo, Marenzio y Monteverdi.
Dialogamos con Iturralde, mentor del proyecto:
Periodista: ¿Cómo surgió la iniciativa de este quinteto?
H.I.: Motivado por la convocatoria del Festival pensé en presentar una propuesta de música a cappella, porque es más sencillo que moverse con instrumentos. Siempre me gustó cantar a cappella, cantar armonías, tuve durante mucho tiempo un cuarteto de música popular con mi mujer y dos amigos, con el que nuevamente vamos a empezar a ensayar de nuevo. Pensé en madrigales, y en quiénes podrían integrar el grupo.
P.: ¿Quiénes son ellos?
H.I.: Pensé en Pablo Travaglino, que canta como contratenor y tenor, en Graciela [Oddone] y Osvaldo [Ledesma], y en mi amiga Javiera; todos fueron mi primera opción y a todos les entusiasmó la idea. Hice un curso intensivo de madrigales, escuché muchísimo, y tomamos 3 compositores y de cada uno armamos un bloque. De Monteverdi elegí "La Sestina", que además es una obra un poco más conocida, y redescubrí a Luca Marenzio, que es el que más nos entusiasma.
P.: ¿Cómo es la dinámica de trabajo?
H.I.: Empezamos en abril, una vez por semana, despacio, para ir entrenándonos. Es una forma de trabajo que requiere cierta automaticidad. Cantar sin director exige encontrarle la vuelta a respirar, frasear y atacar todos juntos. Es muy placentero hacer esta música.
P.: ¿Usted tenía experiencia en este repertorio?
H.I.: Alguna vez canté algo de música antigua en mi etapa de formación: canté una ópera de Kaiser y "Agrippina" de HTMndel, pero ninguna ópera de Monteverdi. Este año estuve cantando Strauss y Wagner, música que requiere mucha expansión vocal, y esto es todo lo contrario, eso me interesaba: cantar algo más íntimo en lo que en vez de cantar con un rodillo o pincel de brocha gorda haya que cantar con un pincel para filetear. Aquí nos viene muy bien la experiencia de Graciela Oddone y Pablo Travaglino, que tienen muchísimo para aportar, aunque convinimos en que no queríamos hacer algo historicista sino interpretar de acuerdo al texto. No vamos a cantar sin vibrato todo el tiempo sino de una forma que nos produzca placer. Hay cosas que se dan solas: cuando hay una disonancia se canta más liso para que resalte, pero cantamos tranquilos, liberados y disfrutando.
P.: Es un trabajo enriquecedor y hasta imprescindible para un músico.
H.I.: Un amigo mío, Sebastián Sorarrain, siempre dice: "Yo sospecho de los cantantes que nunca hacen música de cámara", porque ¿qué clase de formación es esa? La idea es cubrir la mayor cantidad de posibilidades con el instrumento. Son distintas funciones que uno tiene que tratar de cumplir. A mí me interesa eso, y no le escapo a nada, aunque hay repertorios que me interesan más que otros.
P.: Después de haber cantado Puccini, Strauss o Wagner, ¿hay alguna dificultad en adaptarse a esta vocalidad más íntima?
H.I.: No, yo no la he encontrado. En general el que funciona como bajo en algo así es menos melódico y más funcional, por eso hay que identificar las partes en las que hay que cantar y las otras en las que hay que ser un pedal o sostén armónico. En cuanto a la forma de cantar no hay ninguna diferencia. Es imposible que a uno le salga bien todo: siempre hay más fortalezas en ciertas cosas y menos en otras, pero eso hay que investigarlo, estudiarlo y dedicarle más tiempo. Un cantante como Víctor Torres no tiene un límite en cuanto a lo que puede cantar. Graciela Oddone también canta de todo. Hay que saber qué requerimientos tiene cada pieza y poner el instrumento al servicio de eso, con la mayor cantidad de amor posible. Bajo esa premisa trabajamos.
Entrevista de Margarita Pollini


Dejá tu comentario