20 de noviembre 2008 - 00:00

Una celebración para fans

En muy buena forma, prolijo en su afinación y bien de la voz,Joan Manuel Serrat inició anteanoche en el Gran Rex sunueva gira maratónica por la Argentina y Uruguay.
En muy buena forma, prolijo en su afinación y bien de la voz, Joan Manuel Serrat inició anteanoche en el Gran Rex su nueva gira maratónica por la Argentina y Uruguay.
«Serrat 100 x 100". Actuación de Joan Manuel Serrat (voz, guitarra). Con Ricard Miralles (piano). (Teatro Gran Rex; 18 de noviembre).

Joan Manuel Serrat hará esta vez diez funciones en el enorme teatro Gran Rex de Buenos Aires, otras tres en el Broadway de Rosario y una en el Orfeo cordobés. Y, como en todas sus últimas visitas, las entradas -que, por cierto, no tienen precios populares- se agotaron apenas salidas a la venta, antes aun de que se lanzara abiertamente la campaña de prensa y de publicidad.

Serrat no sólo produce la enorme expectativa de siempre sino que todo se le acepta. Aunque, como ocurre últimamente, visite muy frecuentemente el país, aunque las canciones de los últimos años no lleguen a igualar ni de cerca a sus mejores creaciones anteriores, aunque el formato de sus espectáculos se repita, aunque el Serrat humorista «stand up» le dé pelea y le robe escenario al cantautor, aunque el atractivo rebelde del pasado haya cedido lugar hace tiempo al hombre maduro y asumido de sus años.

El catalán se ha transformado en un clásico que prácticamente, como muy pocos otros casos, no admite reparos críticos. Se ha ganado ese lugar a fuerza de años de visitas, de una familiaridad que le hace decir que es un argentino más, de un discurso comprometido con las causas sociales y, fundamentalmente, de una antigua producción de canciones que está entre las mejores del siglo XX.

  • Formato

  • Ahora está actuando con el acompañamiento de su guitarra y junto con el pianista Ricard Miralles, un ladero al que ha recurrido muchas veces a lo largo de su carrera. Este formato intimista ya había sido visto hace relativamente poco por nuestro país; hace exactamente tres años y antes de la gira que lo trajo con Joaquín Sabina el año pasado. Y hasta el nombre de su espectáculo se ha mantenido.

    Así, vestido de entrecasa -camisa gris holgada y fuera del pantalón, jeans gastados, zapatos cómodos-, con pocos elementos escenográficos - una mesita sobre la que descansa una botella de champagne y un par de copas, y una tela sobre la que se proyectan algunas imágenes-, con la guitarra colgada de los hombros como en sus comienzos juveniles, con un dominio de la escena que le han dado tantos kilómetros recorridos, y sin disco nuevo por presentar, Serrat puede darse el gusto de cantar y decir lo que le venga en gana. Y eso es lo que hace.

    Armó su lista de temas -que, seguramente, puede cambiar a lo largo de los conciertos- con clásicos probados de su repertorio: «Mediterráneo», «Tu nombre me sabe a hierba» con nuevo ritmo, «Cantares», «Para la libertad», «Aquellas pequeñas cosas», «Los fantasmas del Roxy», «De vez en cuando la vida», «Esos locos bajitos», «Disculpe el señor», «No hago otra cosa que pensar en ti», etc. Incluyó también temas menos habituales: su relectura de «Y sin embargo» de Sabina, «Si hagués nascut dona» en catalán, o el recitado del poema «Itaca» del griego Contantino Cavafis. Y cantó algunas piezas no tan popularizadas como «La bella y el metro», «La mala racha», «Y el amor», «El horizonte».

    En el arranque de lo que será una larga lista de shows -entre los que también hará dos presentaciones en Montevideo-, se lo vio en muy buena forma, prolijo en su afinación, bien de la voz, relajado y feliz. Es un clásico y, como tal, su público no espera ansiosamente las novedades. Lo suyo está en lo conocido; y en ese sentido, todo supo muy bien.

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