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Una celebración para fans
En muy buena forma, prolijo en su afinación y bien de la voz,
Joan Manuel Serrat inició anteanoche en el Gran Rex su
nueva gira maratónica por la Argentina y Uruguay.
Así, vestido de entrecasa -camisa gris holgada y fuera del pantalón, jeans gastados, zapatos cómodos-, con pocos elementos escenográficos - una mesita sobre la que descansa una botella de champagne y un par de copas, y una tela sobre la que se proyectan algunas imágenes-, con la guitarra colgada de los hombros como en sus comienzos juveniles, con un dominio de la escena que le han dado tantos kilómetros recorridos, y sin disco nuevo por presentar, Serrat puede darse el gusto de cantar y decir lo que le venga en gana. Y eso es lo que hace.
Armó su lista de temas -que, seguramente, puede cambiar a lo largo de los conciertos- con clásicos probados de su repertorio: «Mediterráneo», «Tu nombre me sabe a hierba» con nuevo ritmo, «Cantares», «Para la libertad», «Aquellas pequeñas cosas», «Los fantasmas del Roxy», «De vez en cuando la vida», «Esos locos bajitos», «Disculpe el señor», «No hago otra cosa que pensar en ti», etc. Incluyó también temas menos habituales: su relectura de «Y sin embargo» de Sabina, «Si hagués nascut dona» en catalán, o el recitado del poema «Itaca» del griego Contantino Cavafis. Y cantó algunas piezas no tan popularizadas como «La bella y el metro», «La mala racha», «Y el amor», «El horizonte».
En el arranque de lo que será una larga lista de shows -entre los que también hará dos presentaciones en Montevideo-, se lo vio en muy buena forma, prolijo en su afinación, bien de la voz, relajado y feliz. Es un clásico y, como tal, su público no espera ansiosamente las novedades. Lo suyo está en lo conocido; y en ese sentido, todo supo muy bien.

