7 de junio 2011 - 00:00

Una crisis interna certifica el peor momento de Moyano

Trabajadores de la recolección de basura cortaron ayer la intersección de las avenidas Figueroa Alcorta y Sarmiento, del barrio de Palermo, por una protesta contra la obra social de Camioneros.
Trabajadores de la recolección de basura cortaron ayer la intersección de las avenidas Figueroa Alcorta y Sarmiento, del barrio de Palermo, por una protesta contra la obra social de Camioneros.
Hugo Moyano es, antes que peronista y jefe de la CGT, «verde». Ése es el color que identifica al sindicato de Camioneros, base y esencia del poder del cacique gremial que lo convirtió, con algo más de 200 mil afiliados, pasado el tiempo en una pieza clave del dispositivo K.

Vertical e implacable, Moyano es rey y mártir de sus seguidores. Llevó sus salarios a niveles «gerenciales», montó un enorme dispositivo social y les dio, en términos políticos, identidad y pertenencia. Por eso, jamás tuvo disidencias internas.

La muerte de Gustavo Adrián González, camionero de Cliba, de 33 años, luego de sufrir un ACV y esperar durante 14 horas la llegada de una ambulancia, desató una crisis interna que no hace más que confirmar la mala hora que atraviesa el jefe sindical, que tiene como máxima expresión una tensa relación con Cristina de Kirchner.

La secuencia, por donde se la mire, es dramática. González sufrió el ataque, la atención médica se demoró 14 horas. Cuando fue internado, estaba en coma profundo. Falleció a las pocas horas. Más tarde, la hermana del chofer, Estela González, denunció que desde el sindicato le ofrecieron un arreglo.

«¿De qué manera podemos arreglar?», contó la mujer que le propuso Liliana Zulet, esposa de Moyano y responsable de la obra social de Camioneros, Oschoca, responsable de la cobertura de salud de los afiliados del gremio
.

La primera gambeta de Moyano fue afirmar que el servicio de ambulancias estaba tercerizado.

«Las ambulancias no son propias, las derivaciones y las demoras no son responsabilidad nuestra. Tenemos empresas de primer nivel, pero desgraciadamente hubo alguna demora», sostuvo ante la prensa.

Con las horas, Graciela Ocaña reveló que ese servicio lo presta la empresa IARAI SA, que gerencia la prestadora Conducir Salud, cuya presidenta es Valeria Salerno, hija de Zulet. Salerno es señalada como una presunta fachada de su madre y del camionero.

Frente a la protesta iniciada por los compañeros y los familiares de González, Moyano se rodeó de un puñado de fieles para defender el servicio de la obra social del gremio y, previsible, para denunciar un «componente político» en el episodio.

Ese argumento -sobre el que el camionero no dio mayores precisiones- era, anoche, desmentido por la familia: Jésica, la viuda de González, y Estela, la hermana, consideraron una falta de respeto esa acusación de Moyano y reprocharon que no haya aceptado darles una explicación «cara a cara».

«¿Una vida vale más que una camilla, Moyano?», preguntó Jésica entre insultos, y agregó: «Esto no es política, a mí lo único que me importaba era el padre de mis hijos, te pedí por favor que le salves la vida y todavía seguís diciendo que la obra social es buena, sos un caradura».

En su descargo, el jefe de la CGT habló, además, de que se trataba de un «capricho» de la familia. «¿A vos te parece un capricho? Nosotros sólo pedimos una explicación. ¿Por qué lo dejaste morir? ¿Por qué tuvimos que ver los sesos de mi marido, por qué ni siquiera lo cosieron? ¿Por qué no me das una explicación cara a cara?», dijo Estela González.

Luego de denunciar un «condimento político», Moyano anticipó ayer que tiene voluntad de reunirse con la familia «una vez que superemos todo esto». De todos modos, prometió que en «los próximos días» se van a conocer los «móviles políticos» que motivaron la protesta y la reacción en su contra de afiliados y familiares de afiliados que ayer denunciaron «falencias» en el servicio prestado por la obra social sindical.