Su popularidad entre un electorado tan disímil puede ser un arma de doble filo para competir con la presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT).
"El perfil de su elector tiene un componente de contradicción, y Silva necesitará un lenguaje muy calibrado porque el discurso que gusta a uno puede hacerle perder el voto del otro", señaló Mauro Paulino, director de la encuestadora Datafolha.
Con la promesa de un radical cambio en la política y una economía verde, Silva fue confirmada como candidata presidencial del Partido Socialista en sustitución de Eduardo Campos, fallecido en accidente de avión, y las encuestas le adjudican la posibilidad de derrotar a Rousseff en eventual segunda vuelta.
Evangélica, una religión que crece con fuerza tanto en Brasil como en el resto de América Latina, esta exministra de Medio Ambiente deberá hacer más para conquistar el voto de sus correligionarios. Los jerarcas de las iglesias evangélicas no han definido si apoyarán a algún candidato, entre ellos al evangélico Pastor Everaldo Dias Pereira, con el 3% en las encuestas.
"Vemos con buenos ojos el sueño de Marina Silva de disputar la presidencia", dijo el pastor Léliss Wa-shington Marinhos, presidente del Consejo Político de la Asamblea de Dios. Pero dejó claro: las iglesias quieren compromisos con sus valores.
Muy popular en las redes sociales, la que fue la tercera candidata más votada en las presidenciales de 2010 promueve una política renovada a la medida de los que salieron a la calle a protestar en 2013, al tiempo que se opone a la liberalización del aborto, las drogas, el casamiento homosexual y la investigación con células madre, aunque no se opone a debates públicos sobre esos temas o incluso un plebiscito.
Criada en una comunidad de recolectores de caucho en plena Amazonía y compañera de lucha del mítico líder amazónico Chico Mendes asesinado en 1988, Silva se hizo evangélica de la pentecostal Asamblea de Dios en 1997, cuando las secuelas de enfermedades selváticas estuvieron a punto de costarle la vida.
En este país con el mayor número de católicos del mundo (140 millones) y donde los evangélicos son los que más crecen (42 millones), los candidatos están muy pendientes del voto religioso.
En 2010, la religión se catapultó al centro de la campaña presidencial, cuando las iglesias católica y evangélica forzaron a los dos principales candidatos a comprometerse a no legalizar el aborto y el matrimonio homosexual.
Presentada como una "tercera vía" en la política brasileña, la irrupción de Silva en la campaña ha significado un cambio radical a un escenario que parecía polarizado entre la presidenta y Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña, PSDB.
Silva se nutre de electores indecisos o que votarían en blanco. "Son los descontentos con el Gobierno y los que buscan salir de la polarización entre PT y el PSDB que se alternan en el poder desde 1994", explicó el analista de la consultora Tendencias, Rafael Cortez.
"Marina Silva tiene un contingente de electores con un perfil que se asemeja mucho a los manifestantes de 2013: progresistas, jóvenes, con escolaridad y renta más alta", dijo Mauro Paulino.
"Marina Silva encabeza una alternativa presentada como progresista pese a sus creencias religiosas. Mi temor es en qué medida, si gana las elecciones, no subordinará algunas políticas a valores evangélicos", expresó, por su parte, Carlos Malamud, investigador para América Latina del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales, con sede en Madrid.
Algunos analistas creen que la candidata ha sabido manejar el asunto. Eurico Antonio Santos, profesor de sociología de la Universidad de Brasilia, especializado en religión, consideró que "personalmente es una candidata religiosa, pero no tiene ningún proyecto de invadir la esfera pública con religión".
| Agencia AFP |


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