Una “Medea” original

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"Médée", la más trascendente de las óperas de Luigi Cherubini, recorrió un tortuoso camino desde su estreno en París en 1797. Su forma respondía a la de la "opéra-comique", números musicales alternados con diálogos. El estilo "démodé" que el libretista François-Benoît Hoffmann dio a estos parlamentos hizo que luego prácticamente nadie se aventurara a retomarlos. Ya "olvidada" en Francia, en 1800 y 1802 (en que se la brindó en Berlín y Viena, respectivamente) fue traducida al idioma local. Pero la gran reforma vendría, ya muerto Cherubini, en 1855: se estrena en Frankfurt una nueva traducción al alemán con recitativos escritos por Franz Lachner. Como si esto fuera poco, esa versión es más tarde traducida al italiano por Carlo Zangarini y vista en Italia en 1909, y desde la re-exhumación de la ópera por María Callas en la década del 50 habría de prevalecer por sobre las demás.

Desde hoy, Buenos Aires tendrá el privilegio de ver por primera vez la versión original francesa con diálogos adaptados, en producción de Juventus Lyrica. El responsable musical, Hernán Schvartzman, dirigirá un ensamble de réplicas de instrumentos de época. El elenco está encabezado por Sabrina Cirera y Mariana Carnovali, Darío Schmunck y Nazareth Aufe, Alejandro Meerapfel, Laura Pisani y Eugenia Fuente y Verónica Cánaves, y participa el Coro Juventus Lyrica preparado por Hernán Sánchez Arteaga. Dialogamos con María Jaunarena, encargada de la puesta en escena:

Periodista: ¿Cómo fue su trabajo de adaptación de los diálogos?

María Jaunarena:
Los textos hablados originales son muy largos. La música y el texto cantado tienen una hondura que no tienen los diálogos. Eso le resta la trascendencia de la Medea de Eurípides, donde hasta el momento en que toma la decisión de matar a los niños, uno está de parte de ella. Esa ambivalencia está en la música de Cherubini, pero no en los diálogos de Hoffmann. Por eso optamos por hacer la versión original en francés, se respeta que sea con diálogos, pero para los parlamentos nos remitimos básicamente a Eurípides.

P: ¿Qué características tendrá la puesta?

M.J.:
No es teatralmente una versión historicista de la tragedia. Es una obra casi íntima. Lo importante es contar lo trascendente. No se puede entender "Medea" si no se comprende la sociedad griega en que fue escrita, la ateniense, que dio a luz la democracia, donde se suponía que todos eran iguales, pero donde se llevó a las mujeres a casi un ocultamiento. Las mujeres eran un motivo de fricción entre los hombres, sobre todo porque los hijos determinaban la herencia, y entonces parece que para evitar esas fricciones y cimentar esta sociedad las mujeres hubieran debido pagar un precio muy alto, que era vivir ocultas y casi sin derechos. Medea es una mujer que se rebela no sólo contra lo que le hace Jasón sino también contra un orden, que se llena la boca con palabras que después no sostiene. En la sociedad espartana, en cambio, las mujeres, como madres de los futuros soldados, eran tenidas en bandeja de plata; en Lesbos también había un culto a la belleza femenina.

P.: Hay entonces un tema de género importante.

M.J.:
El coro dice en un momento: "Las aguas de los ríos corren hacia arriba y ya no tiene valor la palabra empeñada ante los dioses". Jasón es el primero en romper esta ética griega, y Medea no se comporta de la misma manera; Jasón en cierta medida se comporta como un bárbaro y Medea actúa en consecuencia, reacciona y se masculiniza. Deja de comportarse como una mujer, abandona el rol de madre y sacrifica a los hijos de un modo masculino; antes mataba envenenando, que es una manera femenina, pero ahora toma el cuchillo y mata como se mata en la guerra. En todas las tragedias, quienes desafían a los dioses terminan mal, pero Medea se va sin castigo, en un carro tirado por dragones alados, un mecanismo llamado "deus ex machina", que levantaba a los actores, y reservado a los dioses. El hecho de que Eurípides la salve dice que el dramaturgo algo le estaba mostrando a esa sociedad.

Entrevista de Margarita Pollini

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