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Una metamorfosis muy bien contada
Natalie Portman cumple un excelente trabajo bajo la dirección de Darren Anonofsky en un film con ballet, algo de terror psicológico y expresivos trabajos de fotografía.
Hershey, M. Kunis, W. Ryder.
Con esta extraña película se consagran definitivamente Natalie Portman y el director Darren Aronofsky. Ella, por un trabajo de enorme exigencia física e intensa expresión, y él porque alcanza a la vez el mayor manejo de su oficio, de su estilo, y del gran público. Lo logran contando el drama de transformación de una joven reprimida que, para consagrarse prima ballerina, debe encarnar al personaje malvado de «El lago de los cisnes».
Para ponernos en sintonía. Aronofsky empezó su carrera con el tortuoso relato de «Pi», donde un matemático se obsesiona al punto de agujerear su cabeza buscando el nombre secreto de Dios en el número 3,1416. Después vendrían «Requiem por un sueño», con las tremendas humillaciones y autodestrucciones de los miembros de una familia que hubiera querido ser normal, «The Fountain», silbada por pretenciosa, y «El luchador», sobre los esfuerzos terribles de un hombre pasado de edad.
Ahora vemos los esfuerzos de una chica que teme pasarse de edad sin haber alcanzado su sueño. Cuando éste se le pone al alcance de la mano, viene acompañado por sus pesadillas. Se nota que fue siempre una niña bien aplicada y obediente. Su madre la ama, aunque no del mejor modo. ¿Pero cuál es el mejor modo? Ambas son emocionalmente frágiles. Y la muchachita empieza a somatizar demasiado, se le confunden las imágenes en los muchos espejos que la rodean, y se le mezclan realidad con temores, ruidos comunes con murmullos burlones, soltura con perversión, interpretación con encarnación sin retorno. Para colmo, la suplente que le han puesto es todo lo que ella no se anima, y podría pasar a titular sin mayores problemas. Llegado el caso, y ya decidida a ser también un cisne negro, ¿nuestra jovencita se animará a enfrentar esa competencia? ¿A qué perfección se refiere en la última escena? A la del arte alcanzado, suponemos, pero quizá también a la de una persona que alcanza el éxito manteniéndose moralmente pura, blanca, como seguramente le enseñaron.
No es solo el triunfo de la danza, lo que aquí vemos. La historia es rica, compleja, y propicia variadas lecturas, incluyendo la del filicidio simbólico y los excesos de la obsesión por el triunfo en nuestra sociedad. Hay excesos también en el relato, absurdos, y efectismos de variado nivel, pero eso forma parte del estilo del director, y del género empleado, ya que «El cisne negro» se emparenta con «Las zapatillas rojas», pero más aún con el terror psicológico de «Repulsión» y «Suspiria».
También admirables, el libreto de Mark Hey-man, John J. McLaughlin y Andres Heinz, los arreglos distorsionados de la música de Tchaikovski, la distribución de colores simbólicos, el diseño de sonidos inquietantes, la fotografía con cámara en mano tan hábilmente manejada que nos mete en el baile sin marearnos pero agitándonos el ánimo. Resumiendo: artificiosa, inquietante, a veces levemente desagradable, muy bien hecha.


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