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Una multitud quemó sede del partido de Al Asad
Bashar al Asad
Los manifestantes también incendiaron el principal complejo de tribunales y dos sedes de compañías de teléfonos. Una de las empresas, Syriatel, es propiedad de Rami Makhlouf, primo del presidente Bashar al Asad. Los disturbios dejaron al menos un muerto y 60 heridos, lo que agrava el saldo de cuatro víctimas fatales que habían dejado las protestas del viernes.
«Quemaron los símbolos de la opresión y la corrupción», dijo un activista. «Los bancos cercanos no fueron tocados».
Miles de personas exigieron que las autoridades pongan fin a 48 años de ley marcial, en el tercer día consecutivo de protestas vistas como el mayor desafío al partido gobernante de Siria desde que llegó al poder hace casi medio siglo.
«No a la ley de emergencia. Somos un pueblo enamorado de la libertad», cantaban los manifestantes mientras una delegación del Gobierno arribaba a Deraa para dar sus condolencias por los muertos a manos de las fuerzas de seguridad en manifestaciones esta semana.
El propio dictador Asad hizo llegar su mensaje a los deudos de los «mártires», un intento de no pagar el costo político por la actuación de la Policía.
Las fuerzas de seguridad lanzaron gases lacrimógenos contra los manifestantes. Alrededor de 40 personas afectadas fueron llevadas hasta la mezquita de Omari, en la ciudad vieja, dijeron testigos.
Siria ha sido gobernada bajo una ley de emergencia desde que el Partido Baaz tomó el poder en un golpe de Estado en 1963 y prohibió toda oposición.
La Policía abrió fuego el viernes contra civiles que formaban parte de una protesta pacífica en Deraa para exigir la liberación de 15 estudiantes detenidos por haber escrito graffiti de protesta y para pedir una apertura democrática y el fin de la corrupción.
Un comunicado oficial dijo que «infiltrados» que decían ser oficiales de alto rango habían visitado estaciones de seguridad y pedido a las fuerzas que dispararan contra cualquier reunión sospechosa.
Los analistas habían considerado en un principio que Siria no estaba destinada a ser uno de los países en los que prendiera la chispa de la revolución árabe. Sin embargo, desde la semana pasada cada vez más sirios se atreven a salir a la calle. Las manifestaciones no se han limitado a Deraa, y al menos 7.000 personas salieron a las calles en Damasco, Homs, Alepo y Deir al Zor exigiendo por los altavoces «libertad» y «no a la corrupción».
Siria es una aliada regional de Irán, interviene en la política libanesa y respalda a grupos terroristas como Hizbulá. Su postura contra Israel es, junto con Teherán, la más dura de la región.
Agencias Reuters, DPA y Ámbito Financiero


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